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miércoles, enero 08, 2014

VERSIÓN ORIGINAL: EL TERCER HOMBRE (CAROL REED, 1949)





En esta su casa comenzamos el año pisando fuerte, haciendo sonar nuestros pasos por las desiertas calles de la Viena de posguerra, pintando las paredes de los edificios de sombras más o menos alargadas, y comprando cigarrillos en el mercado negro. En el número 221 de la revista Versión Original, dedicado en esta ocasión al Cine Negro, nos ponemos un poco serios y tratamos de explicar por qué El tercer hombre (Carol Reed, 1949) merece ser considerada como una de las obras cumbre del también conocido como film noir. Su contemporaneidad, sus luces y sus sombras, el antihéroe fabulosamente interpretado por Joseph Cotten, una Alida Valli estupenda en su papel de femme fatale, y un malvado de libro al cual pone rostro un Orson Welles que se hace con el protagonismo absoluto pese a aparecer en escasos minutos de metraje, todo ello hacen de la cinta una de las mejores películas de la Historia del Cine. 
¿A qué esperan para verla, revisionarla o verla por quincuagésima vez? 
Nunca es suficiente.
Ah, y cuéntenmelo, por favor.





Revista Versión Original nº 221. Cine negro (artículo sobre El tercer hombre. Strangers in the night, páginas 58 y 59).




lunes, octubre 28, 2013

VERSIÓN ORIGINAL: EDUARDO MANOSTIJERAS (TIM BURTON, 1990)





Aunque con un poquito de retraso ya tenemos en nuestras pantallas el número de Versión Original dedicado a la Arquitectura. En esta ocasión mi labor ha consistido en analizar la que para mí es la mejor película de Tim Burton (y uno de los mejores papeles de Johnny Depp),  hasta la fecha: Eduardo Manostijeras (1990). Se preguntarán qué tiene que ver este film con el tema del mes; para empezar, se trata de una película mucho más compleja de lo que parece, con múltiples capas de significado a poco que uno se adentre en ella con atención. Sin embargo, en este caso mi propósito se ha visto reducido (por espacio, siempre el espacio) a analizar cómo la arquitectura influye en los habitantes de la misma, y viceversa. Si he logrado mi objetivo o no tendrán que decidirlo ustedes. Y espero que me lo cuenten.  
Que les guste.




Revista Versión Original nº 218. Arquitectura (artículo sobre Eduardo Manostijeras. (Seamos) Arquitectos de nuestras vidas, páginas 38 - 40).



jueves, julio 18, 2013

VERSIÓN ORIGINAL: HIERRO 3 (2004, KIM KI - DUK)





Ha tardado un poco pero ya se sabe que todo lo bueno se hace esperar. Y el número de junio de la revista Versión Original, dedicado al tórrido tema de los Amantes (ideal para el verano), ya está aquí.

Las películas escogidas por los colaboradores son de lo más dispar pero todas estupendas, como de costumbre, y los artículos, también (no es porque se trate del trabajo de mis compañeros y el mío propio, pero la revista es una verdadera maravilla. Si no la han comprado en papel, éso que se pierden). 
En esta ocasión, yo me decidí por hablar de una película que, en su momento, me llamó muchísimo la atención, Hierro 3 (Bin - jip, Kim ki - duk, 2004). Hace ya algunos años que descubrí al surcoreano Kim Ki - duk en el Máster de Historia y Estética de Valladolid (qué tiempos aquéllos) y, desde entonces, no he querido dejar de seguirlo, aunque soy consciente de que en los últimos años ha perdido todo sentido y sus tres últimas películas ya no las he visto. Prefiero quedarme con lo mejor de su obra; Hierro 3 lo es.

Seguro que muchos la habrán visto ya; a los que no, no sé a qué esperan. Es buen cine coreano y una historia conmovedora. Que les guste el artículo. O no. No se olviden de contármelo.




Revista Versión Original nº 216. Amantes (artículo sobre Hierro 3. Por un final feliz, páginas 40 y 41).




sábado, enero 26, 2013

AMOR (MICHAEL HANEKE, 2012)





Mucha gente piensa que Michael Haneke es cruel pero yo sé que eso no es cierto. El austríaco sólo es un cineasta honesto consigo mismo y con el espectador, que muestra las miserias del ser humano de forma cruda -sí, es cierto (y, perdónenme el atrevimiento, de un modo semejante a como hacía Goya con sus grabados siglos atrás), pero nada más. El problema es que a nadie le gusta asistir a semejante espectáculo, ¿verdad?

No recuerdo cuál fue la primera película que vi de este director (tal vez fuera Funny Games -1997, excelente inicio para mí) pero desde ese primer momento considero que él es el único cineasta que ha conseguido mantener vivo mi interés año tras año, film tras film. Y no me ha defraudado aún, como sí lo han hecho otros (y no miro a nadie, Tim Burton, por poner un ejemplo).
Después de ver La cinta blanca (2009), necesitaba más, más perspectiva hanekiana (creo que ya existe el término), más salir del cine dándole vueltas a la cabeza -lo que se agradece que el cine te haga pensar. Por eso, cuando tuve conocimiento de la película que nos ocupa, no hice sino alegrarme y armarme de paciencia para la espera, que siempre se hace larga. 

Y por fin llegó el día. Con tanto premio y tanta buena crítica comprenderán que estuviera ansiosa y, a la vez, preocupada por si la decepción. Pero no es posible que Amor (2012) decepcione, no si se tiene un poco de sentido común, y ahora me explicaré.
La historia de un matrimonio de ancianos cuya paz se ve alterada por la enfermedad de ella no debe, no puede dejarnos indiferentes. Y no lo hará porque todos, absolutamente todos, tenemos la posibilidad de pasar por ello. Nos puede tocar. Y eso, los que aún no hayan vivido en carne propia la enfermedad de algún familiar, y da igual el grado que sea, porque duele. Duele mucho. Por este motivo, las soberbias interpretaciones de Jean - Louis Trintignant y Emmanuelle Riva (¡qué mujer más maravillosa!) llegan a afectar demasiado, por lo menos a quien ésto escribe.
Ambos intérpretes hacen suyos los papeles de una forma valiente pero no sólo porque superen con creces la barrera de las ocho décadas y vean la muerte casi cara a cara, sino porque, por ejemplo, Trintignant ya pasó por la trágica muerte de su hija Marie -la también actriz estuvo varios días en coma tras sufrir una terrible paliza a manos de su pareja (más información, aquí). Y porque -y me repito-, como bien dice Haneke en muchas de las entrevistas a raíz del estreno de la película, seguramente todos hayamos pasado por el trance en algún momento de nuestras vidas, de una u otra forma; y, si no es así, lo pasaremos con seguridad.
Así es la vida.




Con este argumento, las posibilidades a la hora de hacer una película son muchas, y se podría haber quedado en un telefilm de sobremesa más, ñoño y sentimentaloide. Pero no olvidemos que hablamos de Haneke, uno de los directores europeos más personales de los últimos tiempos, poseedor de un estilo inconfundible. Es por ello que, pese a que en algunos medios se le ha acusado de haberse pasado al lado sentimental y melodramático, Haneke retoma en Amor muchos de los parámetros que le han convertido en autor.
Volvemos a vernos inmersos en una historia de clase media - alta, sin mayores problemas que los que les crean los demás (es el caso de films anteriores como el ya mencionado Funny Games, o Caché - 2005) o sus propios transtornos ya sean mentales (La pianista, 2001) o físicos, como es el caso que nos ocupa. Anne, la protagonista de Amor, desarrolla una parálisis de medio cuerpo a partir de una patología coronaria, lo que le lleva a una degenaración progresiva e irrefrenable. Éste es el elemento que pone fin a la paz de los personajes de la historia, como en Funny Games lo hacían los dos crueles jóvenes que se colaban en la casa y destrozaban la armonía familiar para siempre. Pero este factor se ve contrarrestado por los intentos (inútiles casi siempre) de uno de los miembros de la familia de terminar con ese elemento discordante. En este caso, Georges es el sufrido esposo de Anne, el que trata de llevar su enfermedad con tranquilidad y paciencia, pero, lean bien: "trata". 
Ésto nos lleva a otra característica hanekiana: los finales angustiosos. En la mayoría de sus películas nos quedamos mal porque se nos escamotea parte de la información de un suceso que suele ser trágico. Haneke no nos da facilidades, nos quiere tener en esa situación para que nos pongamos en el lugar del otro, para que nos hagamos preguntas, para que pensemos en definitiva.  
El austríaco nos encierra en un pequeño mundo, el de esa familia o personaje en cuestión, nos aisla para que no nos distraigamos con elementos accesorios, y lo consigue con escenarios realmente reducidos, al igual que el número de personajes, lo cual parece adecuado. Mejor centrarse en pocos personajes bien definidos, ¿no creen?
Todos estos elementos de los que hablo están presentes en Amor, al igual que su pasión por la música clásica, o los primeros planos que nos acercan al verdadero ser de sus protagonistas. Todo ello hace de la obra de Michael Haneke un verdadero espejo de los caracteres humanos. Es cierto que ésta su última película carece de la asepsia presente en film anteriores, quizás porque esta vez no se le siente tan objetivo y distante como en otras ocasiones, porque nos permite enternecernos con los personajes, porque nos toca en los sentimientos como nunca antes lo había hecho, pero no deja de ser una cinta con su sello y, me atrevo a decir, que, tal vez, su obra maestra.  

Un cine imprescindible. Haneke como un puñetazo necesario, piénsenlo. Déjense de anestesias y enfréntense a la realidad. El austríaco se la pone en bandeja.