lunes, junio 20, 2011

La mano con lápiz. Dibujos del siglo XX




Nuevo artículo.

Eventos

La mano con lápiz. Dibujos del siglo XX


LAS COLECCIONES DE LA FUNDACIÓN MAPFRE


La Fundación Mapfre (coleccionesfundacionmapfre.org) propone una interesante exposición por la que pasearse ahora que empieza el verano y se está mejor dentro que fuera.

A partir de la colección de obras que atesora en sus fondos se propone un recorrido por la evolución del dibujo mediante seis denominaciones que compartimentan la visita: La tradición, La modernidad, El espíritu de vanguardia, El surrealismo y En los límites de la vanguardia. Tal vez se vea necesario un aumento del número de obras y de la cronología, puesto que el recorrido se queda algo corto, centrándose en determinados artistas y vanguardias como el Surrealismo (el límite lo pone el final de los años 60). Al menos ésa es la sensación que le queda a quien esto escribe.

Sin embargo siempre es provechoso observar de cerca los trazos de algunos de los más grandes artistas de la Historia del Arte. Dalí comparte espacio con Pinazo, Torres García, Schiele, Barradas, Palencia, Picabia, Picasso o Chillida, entre otros, para mostrar que el dibujo es algo más que el trabajo preparatorio para las obras. Así, con la muestra se pone de manifiesto esta realidad, además de servir como documento que acerca a la espontaneidad de los autores y la evolución de su trabajo: resulta más que curioso apreciar cómo evoluciona la firma de Salvador Dalí, desde el apellido sin tildar (Soledad mental, 1932) hasta el Gala Salvador Dalí de Guerra estética (1943).


Leer más...

* Crédito imagen: Soledad mental (Salvador Dalí, 1932).

miércoles, junio 08, 2011

ALMALÉ / BONDÍA. In Situ






Nuevo artículo en TalentyArt...

ALMALÉ / BONDÍA. In Situ


«REINVENTAR UNA DRAMATURGIA DEL PAISAJE»

«El paisaje es el espacio que un hombre describe a otros hombres» (Marc Auge). Ésa parece la obsesión del dúo de artistas Javier Almalé (1969) y Jesús Bondía (1952), interesados siempre en hacer reflexionar al espectador acerca de aquello que ven sus ojos cuando se pone frente a una de sus fotografías.

Como si de una revisión de la obra de Lewis Carroll se tratase, nos proponen adentrarnos más allá del espejo, tal vez no de la mano de Alicia, pero sí de unos personajes con los que nos podemos identificar, de los que nos podemos apropiar: cuarenta fotografías de personas anónimas (¿quiénes son? ¿Importa eso algo?) que dan la espalda al espectador mientras observan paisajes reflejados – o ideados – por otros artistas; cuarenta «yoes» a los que asomarnos, con los que identificarnos, más allá de los marcos, de las fronteras. Se trata de la obra Insitu. Mirada, montada expresamente para la Galería Astarté (http://www.galeriaastarte.com/pages/galeria).








* Créditos imagen: INSITU. Robert Smithson. Asphalt Rundown, 2010.


lunes, mayo 30, 2011

MIDNIGHT IN PARIS (WOODY ALLEN, 2011).







¡Spoilers! No digan que no aviso...



Woody Allen ha filmado la película que me habría gustado protagonizar.

Al igual que el personaje interpretado por Owen Wilson me hubiera gustado habitar París en los felices años 20, recorrer sus calles para tropezar con Dalí montado en un rinoceronte imaginario (es un decir...) o ver bailar a la exótica Josephine Baker con su falda de plátanos.

¿Será que cualquier tiempo pasado fue mejor? Ésta es la pregunta que se hace el realizador neoyorquino en el que, hasta el momento y en vista de las pre-producciones, es su último largometraje, Midnight in Paris (2011). Y la conclusión, pese a todo, es muy clara. Pero no adelantemos acontecimientos que así, ya de paso, les mantengo con la intriga, si es que se arriesgan a leer la reseña sin haber visto el film.

Allen nos regala (sí, señores, me ha gustado. Y mucho) una película pequeña, sin grandes pretensiones, sencilla... pero muy onírica y divertida. He de decir que, después de haberle abandonado tras Match Point (2005), que no me gustó (no me tiren nada, por favor), el reencuentro ha sido de lo más agradable.

El espíritu es el el mismo, en el fondo: el estudio de las relaciones, básicamente entre hombres y mujeres, siempre con el apoyo de unos diálogos hilarantes y aportando de nuevo un fondo crítico hacia la sociedad actual.
En este caso se trata de una pareja que se haya a las puertas del altar y que viaja a París con los padres de ella. Conflicto asegurado, estarán de acuerdo conmigo. Y más si se ve a leguas que Inez (Rachel McAdams) no está enamorada de Gil porque no tienen nada en común. La sensibilidad nada puede contra el materialismo o eso puede parecer en un primer momento.

Tras tener la increíble experiencia de vivir en un tiempo que se imagina extraordinario (siempre he pensado que la reunión de genios en el París de los años 20 lo fue), parece que Gil quiera quedarse anclado en el pasado, al lado de otra incomprendida, la hermosa Adriana (Marion Cotillard). Sin embargo es consciente de que allí está de prestado, que su tiempo es otro y que la vida y el destino le deparan sorpresas. Pero, claro, ya ha pasado por la experiencia de aconsejar a Buñuel (es el único personaje que no me gusta de toda la película. No me lo imagino yo así a don Luis. Sin embargo el Dalí de Adrien Brody es de lo más gracioso). Envidia siento, así se lo digo.

Así que, pese a todo ello, y como decía antes, la decisión es fácil de tomar y todo lo hermoso y emocionante está de enhorabuena.

Y, a grandes rasgos, y sin ánimo de descubrir más el argumento, de esto se trata. Y sólo añadir que, si se dejan, el buen rato y las sonrisas (alguna risa que otra también) están aseguradas. A los hechos me remito.

Salud, señores.





lunes, mayo 16, 2011

LA MIRADA DEL SAMURÁI: LOS DIBUJOS DE AKIRA KUROSAWA





Continúa mi trabajo para la revista TalentyArt.

La mirada del samurái: los dibujos de Akira Kurosawa


María Vaquero - TalentyArt.com

«¿SON DIGNOS LOS DIBUJOS DE MIS STORYBOARDS DE SER LLAMADOS ARTE?»

Akira Kurosawa (1910 – 1998), uno de los cineastas más importantes de todos los tiempos, se cuestionaba de esta forma su estilo a la hora de crear imágenes, pero esta vez con pastel y acuarela sobre papel.

El Museo ABC no ha dudado a la hora de albergar la interesante exposición comisariada por Josep María Caparrós, recogiendo parte de los numerosos dibujos hechos en su momento con el fin de convencer a las productoras para rodar en tiempos de crisis. Así, partiendo de una primera sección general e introductoria con datos y carteles de los films, el espectador se adentra en una muestra que resulta un tanto caótica. Y es que, a pesar de la clara intención de ser una exposición guiada, con paneles que dividen la estancia en diversos pasillos, no es fácil hacer un recorrido cronológicamente ordenado.

Pese a todo, y como lo que importan son los dibujos al fin y al cabo, se puede apreciar la vocación didáctica de la selección de obras, al igual que el valor explicativo de las cartelas.

LA RELACIÓN ENTRE LAS ARTES

Kurosawa demuestra la formación artística adquirida en sus años de juventud, cuando deseaba entrar en la Academia de Arte de Tokio, algo que no consiguió. Tal vez eso haya sido una suerte para la Historia de Cine, tal vez el mundo se haya perdido a un buen pintor. Sea como fuere, en esta ocasión y a través de la selección de storyboards de varias de sus películas, se quiere destacar cómo arte y cine se relacionan en sus obras. Así, se observa cómo el uso de la luz, el color, las texturas o las composiciones utilizadas en el celuloide remiten a las enseñanzas artísticas puestas en práctica en estos dibujos.

Seguir leyendo...


Créditos del dibujo: Muerte de Yamagata Masakage, la bandera del fuego (para la película Kagemusha)..

jueves, abril 28, 2011

NUEVA SECCIÓN ARTÍSTICA





En memoria de bolboreta se inaugura una nueva sección dedicada al arte, compuesta por los artículos que una servidora irá publicando y que aprovecha para publicitar en esta su casa.
El primero de los artículos está dedicado a la exposición que CaixaForum Madrid dedica a Lartigue.
Espero que les guste.


Un mundo flotante, Jacques – Henri Lartigue


María Vaquero - TalentyArt.com

«La vida es algo maravilloso que baila, salta, vuela, ríe y pasa»

Érase una vez un niño obsesionado con poder fijar aquellos sucesos que le emocionaban día a día; un joven que deseaba poder mantener en un soporte físico los momentos de felicidad que jalonaban su vida; un hombre que buscaba la forma de captar el movimiento de bólidos y aeroplanos.

Jacques – Henri Lartigue (1894 – 1986) tuvo la suerte de poder acceder a las tecnologías de su época pero, si en algo fue afortunado es en el hecho de haber sentido curiosidad hacia el mundo que le rodeaba. Gracias a ese espíritu podemos observar hoy parte de la ingente colección de fotografías que hizo a lo largo de su vida, imágenes que son testimonio de la modernidad de una parte de la sociedad francesa de la época.

Realidad cotidiana

Se trata de su realidad cotidiana, de los habituales momentos de ocio que pasaba rodeado de los suyos, que son captados apoyándose en la accidentalidad. Su especialidad era lograr atrapar los movimientos en imágenes imperecederas: deportes como carreras de coches, tenis, ski…, personajes congelados en el aire al dar un salto o en el momento de zambullirse en el agua… Todo ello capturado con ese don de la oportunidad que le hacía estar cerca de todo lo que sucedía y, por supuesto, con unos encuadres escogidos con celeridad y mucha intuición.

En sus primeras obras se aprecia mejor la fuerza de la casualidad, del estar siempre presente y aguardando el momento; sin embargo, más adelante podemos observar, como otra de sus características, un mayor uso de la arquitectura como marco para alguno de sus retratos, quizás un poco menos espontáneos - cualidad que se mantiene a lo largo de toda su obra - pero no por ello menos bellos. En cualquier caso siempre destaca por el dominio del espacio y por el uso de las diagonales para imprimir mayor movimiento a las escenas capturadas con sus cámaras - hay fotografías como Bibi en mi coche nuevo donde el encuadre se antoja imposible aunque igualmente impactante.

... Para seguir leyendo, pinchar aquí.


* Artículo extraído de TalentyArt.


viernes, marzo 11, 2011

ÚLTIMOS VISIONADOS



CHICO Y RITA (Fernando Trueba, Javier Mariscal y Tono Errando, 2010).




Ayer acudí a una sala donde proyectaban la tan esperada Chico y Rita. Desde que me enamoré del póster colgado en un bar, hace unos cuantos meses, tenía muchas ganas de ver en movimiento esos dos personajes imaginados por Fernando Trueba e Ignacio Martínez de Pisón e ideados por Mariscal.
Tal vez sea porque me encanta la forma de ser que tienen los cubanos, con esa tranquilidad y ese ritmo heredado, tal vez porque La Habana me fascina, anclada todavía en el pasado, tal vez porque la música siempre tiene interés para mí, sea la que sea... El caso es que la esperaba como agua de mayo, y no me ha defraudado.






Lo primero, hablar del diseño de animación. Los dibujos de los personajes son sencillos, unos cuantos trazos y poco más. Sin embargo expresan bastante bien los movimientos, los bailes, no tanto las expresiones faciales, pero eso es algo que se complementa bien con las sugerentes voces escogidas para los protagonistas (Limara Meneses como Rita, Eman Xor Oña como Chico y Mario Guerra como Ramón). Debo decir que el rodaje se efectuó en primera instancia con actores de carne y hueso, lo cual ayuda mucho para lograr una mayor naturalidad y consigue que los decorados de La Habana sean maravillosos (la documentación gráfica ayudó con la ilustración para Nueva York y París).
En realidad, son éstos los que me fascinaron absolutamente, junto con la música del cada vez más grande Bebo Valdés. Gracias a esa ambientación la vida cubana resulta totalmente creíble, con esos edificios y coches decadentes, Tropicana y las gentes haciendo música y el amor en cada rincón de la ciudad.






La parte de Nueva York resulta interesante pero por otros motivos. El hecho de mostrar la vida cultural, musical, de aquella época, con personajes como Charlie Parker, Nat King Cole o Chano Pozo es para mí suficiente como para engancharme durante la otra parte de la película.
Es en este momento cuando creo adivinar guiños musicales hacia piezas de Gerswin. Y todas esas referencias fílmicas... Magnífico.






Pero la historia no tiene nada de particular. Un amor imposible (o no) que hace sufrir por pasional y por culpa de un destino que se empeña en separar los caminos de unos amantes que aman la música por encima de cualquier cosa. El éxito profesional como lacra para cualquier relación, de la clase que sea; la ambición que hace que conformarse con lo que se tiene sea poco. Rita Labelle llega a tenerlo todo pero, al final, es capaz de sobreponerse a la ceguera que provoca el lujo y la riqueza, es capaz de sentir de nuevo su corazón, que palpita por la música, sí, pero también por otros motivos más importantes.

En definitiva, una buena elección para estos días de primavera que no acaba de llegar.




CISNE NEGRO (DARREN ARONOFSKY, 2010)


Y otra de las películas de este mes es la aclamada (y con razón) Cisne negro. Natalie Portman compone en esta película el, hasta ahora, personaje de su carrera.
Otra historia de ambición, en este caso llevada a los extremos más salvajes, ambientada en el exigente mundo del ballet clásico, con una bailarina que lo subordina todo a su pasión, alentada por una madre de película de terror (lo cual ayuda a que la visión de este film sea un poco así: terrorífica).

Aronofsky trabaja con una puesta en escena maravillosa, donde la cámara, y por tanto el espectador, danza a la par que Nina. Destacan los momentos de coreografía (impresionante la labor de Portman) que evolucionan a la vez que la protagonista: en un primer momento el espectador puede llegar a pensar que la actriz no lo hace lo suficientemente bien cuando lo que sucede es justamente lo opuesto. Su trabajo es tan brillante que expresa a la perfección esa frialdad que le recrimina constantemente Thomas Leroy, personaje interpretado por Vincent Cassel (muy buen trabajo el suyo, con esa fuerza animal que despliega gracias a su físico y su talento). Y vamos viendo su evolución según se va soltando y dejando convencer de que ha de ser perfecta en todo.






Las secuencias dentro de la casa de Nina resultan asfixiantes sensación que, junto con esos momentos de automutilación por parte de la protagonista y la bailarina sustituida (excelente Winona Ryder), provocan la angustia y el terror en el espectador. La película se disfruta mucho especialmente por esto que comento, porque te va llevando gradualmente a un estado de alerta ante la locura del personaje (yo diría los personajes, porque cada uno tiene lo suyo). Los suspiros y las exclamaciones ahogadas se sucedían entre los espectadores, incluso las risas nerviosas y los dedos clavados en los brazos de los acompañantes. Y eso es lo deseable en una película de este tipo.

He hablado de varios de los actores pero es de justicia reconocer la labor de Barbara Hersey como madre castradora y Mila Kunis como bailarina pasional. Ambas acometen su labor con eficacia y ayudan a redondear el trabajo de las protagonista (le pese a quien le pese, la película es Portman).

Mucho se ha comentado acerca de esta película, sobre todo en cuanto a posibles influencias. Es por ello que no quiero repetir lo ya leído en otros blogs y webs. Solamente dar mi parecer, así que con esto concluyo.

Dos películas. Dos géneros y dos formas de hacer cine muy distintas. Sin embargo ambas han provocado emociones en quien esto escribe. Y eso, a día de hoy y tal y como está el panorama cinematográfico, es mucho.

FIN.


lunes, enero 31, 2011

TAMBIÉN LA LLUVIA



Cuando decidí ir a ver la última película de Icíar Bollaín tenía dos sensaciones. La primera, referida al hecho de que siempre me ha gustado su cine, porque creo que sabe contar historias desde una perspectiva muy cercana y muy realista. La segunda, que me daba un poco de miedo el que hubiese cambiado radicalmente su fórmula magistral y se hubiera embarcado en una producción de gran calibre, internacional y de hombres.

Pero este temor no se vio reflejado una vez dentro de la sala 4. Porque desde un primer momento me sentí atraída por la historia y, sobre todo, por la mirada emocionante de Juan Carlos Aduviri.

Un español y un mexicano, ambos hombres de cine, se entusiasman con una idea basada en sucesos acontecidos durante el descubrimiento de América y deciden denunciarlos de cara a la opinión pública. Esta causa perdida se convierte en una película inconclusa cuando estallan las revueltas en una Bolivia que tiene sed. La Guerra del Agua tuvo lugar en Cochabamba en el año 2000. Ambos acontecimientos son mostrados de forma paralela con un único fin: mostrar cómo, y pese a todo, no hemos cambiado tanto como creemos y las injusticias se siguen cometiendo día tras día.

Hay que reconocer que la cineasta tiene buena mano con los actores y que sabe escogerlos. Nuevamente se apoya en Luis Tosar para la composición de ese tipo rudo que, en el fondo, es buena persona a pesar de que crea poder comprar todo y a todos con dinero; y nos presenta a un Gael García Bernal que pone rostro aniñado a un personaje ambiguo que acaba por dejarse ver claramente: lo más importante es la película. Ambos están estupendos en sendos papeles, como también lo está Karra Elejalde haciendo de actor desencantado de la vida.

Me releo y me doy cuenta de que he escrito varias veces «historia» y me viene a la mente un dato, un hecho. Y es que Bollaín ha pasado de hacer un estudio psicológico de sus personajes, como sucedía en Mataharis (2007), por poner un ejemplo, a exponernos una historia que, a pesar de que no deja de ser concreta y particular, pasa de puntillas por los caracteres de sus protagonistas (sin embargo cada uno de ellos da cuerpo a una idea: son una suerte de personajes tipo). Pasa de su mundo de historias pequeñas a contar la historia de todo un pueblo. Y es un salto muy grande en el que ha sido llevada de la mano por Paul Laverty, guionista habitual de Ken Loach que aporta un toque interesante en la película. Si bien es cierto que el cine de la madrileña destaca por su estilo realista, esta relación se puede apreciar en el enfoque social, característica del cine del irlandés y, por ende, de su guionista, y que, en este caso, se ve acentuado mediante la exposición de la problemática de la comunidad indígena.

Técnicamente se puede apreciar otra influencia confesa a través de los agradecimientos finales. Y es que la estética de González Iñárritu impregna la película de principio a fin, con una fotografía saturada en colores fríos (en especial el azul) y los planos cortados y en contrapicado. Ello contribuye a crear un sentimiento melancólico en el espectador que le ayuda a entrar mejor en la historia, comprendiendo y apoyando la postura que acaba por adoptar Costa, el productor de esa ambiciosa película que se interrumpe, que no es otro que el personaje principal (pese a que, en un inicio, podamos creer que el protagonista es Sebastián – García Bernal).

Todo ello da forma a una película que gusta, que destila buen hacer en todos los aspectos y cariño por la profesión de cineasta pero, no por ello, falta de criterio. Lo que está mal hecho está mal hecho y Bollaín no se censura a la hora de mostrar las precariedades del mundillo. Es por esto mismo que los personajes de Tosar y García Bernal muestran unos rostros en penumbra gracias a los claroscuros de la magnífica fotografía de Álex Catalán y, el único que enseña su rostro limpio es Daniel, que lucha por los suyos a cara descubierta. Y es por ello que se ayuda de las imágenes documentales de la cámara de María o de la televisión, porque lo que vemos está inspirado en una lucha que es real.

Una vez más, y en esta ocasión de forma más comprometida, Icíar Bollaín da voz a aquellos que son silenciados.

jueves, enero 20, 2011

BALADA TRISTE DE TROMPETA






Una vez más salgo del cine (extraña sala 6) y no sé qué pensar. Escucho la reacción y los comentarios de aquéllos que han compartido conmigo unas horas de oscuridad y no sé qué decir.

Siendo totalmente sincera, no me esperaba nada de la última película de Álex de la Iglesia. No es un director que me guste especialmente pero afirmo sin complejos que me encantó Mirindas asesinas (1991) y que disfruté con El día de la bestia (1995) y La comunidad (2000) (básicamente gracias a la estupenda Carmen Maura), no tanto con Crimen ferpecto (2004); pero bueno, reconozco que hay buenas ideas en esa cabeza suya.

Balada triste de trompeta (2010) propone una vuelta de tuerca en un tema del que sólo puedo decir que estoy harta. HARTA. La Guerra Civil es el argumento por excelencia del cine patrio y, señores, permítanme que les diga que ya es suficiente, que se apliquen un poco más en lugar de tanto protestar y escriban guiones originales. Es una sugerencia pero ya les digo que saturan. Y mucho.

A lo que iba. Me acerqué resignada en cuanto al argumento pero con una ceja levantada (la derecha), por si acaso el director de la Academia me sorprendía gratamente. Y no.

(Spoiler, spoiler).

Desde el minuto uno empezaron mis bufidos (entiéndanme, no me paso el tiempo que dura la película resoplando pero es cierto que algún que otro suspiro sí se me escapa. Se trata de un acto más bien simbólico). La historia no tiene ni pies ni cabeza. Supongo que esto es lo que pretende el director pero a mí me aburre. Ni los payasos (Areces está en su línea, soso; sin embargo, De la Torre está espléndido, como siempre. Goya ya), ni la chica (me ahorro los comentarios), ni los secundarios, la mayoría grandísimos profesionales que cumplen con solvencia (pero no me digan que le van a dar el Goya que tanto merece Terele Pávez por esos escasos tres minutos. ¡Venga ya!), ni nada de nada.

De la Iglesia ha comentado que su intención era mostrar el circo (sic) que era la España de 1973. Y lo hace a partir de uno de los personajes más emblemáticos de la pista: el payaso. Un payaso que tiene matices: tonto o listo, divertido o triste, bueno o malo. Y todos ellos están en el film desde el inicio, con la aparición estelar de Fofito, hasta ese final estrambótico en el Valle de los Caídos, con esqueletos incluidos. Y son los dos payasos tarados de la película, con esas caras que destroza Javier (el momento en que se "fabrica" su cara permanente de payaso es terrible), los que se pasan la película corriendo en pos de la chica, una trapecista que parece ser sadomasoquista y no saber lo que quiere. Y tras ellos, el resto de artistas del circo ambulante, todos ellos maltratados y amenazados por Sergio, y todos pendientes de la salud del trío protagonista.

Qué quieren que les diga. Que estas premisas y las ínfulas de dar una nueva visión de la guerra que nos sigue destrozando no me sirven para nada. Me pueden argumentar que visualmente es una película "chula". Pues no se lo niego, no. Que los efectos especiales "molan". Pues también (con excepciones como el horror del Valle de los Caídos. Esa cruz...). Pero yo puedo añadir que más que todo eso se trata de un vehículo de lucimiento de Carolina Bang, como argumento principal, y lo demás es secundario. Que el cineasta pretende pero no hace o no sabe hacer. No llega, por lo menos a mí no me llega. Y que no entiendo las polémicas que ha habido acerca de si se posiciona a favor de uno u otro payaso (véase la lectura de que ambos encarnan los dos bandos combatientes en la guerra. Yo no digo nada).

Y esto es todo. Si lo que quiere el espectador es disfrutar con una buena película sobre este tema algo nuevo y original, desde aquí recomiendo, humilde pero encarecidamente, que vean el regalo que nos hizo allá por el año 1966 Carlos Saura. Porque La caza sí que es una película sobre la Guerra Civil.

P.D. A modo de anécdota, les cuento que el gremio de payasos me dio la tarde. Nunca antes había visto a un "artista" pasar la gorra como en ese momento, con cacheo graciosete de niño de tres años incluido. Vergüenza para la profesión.

sábado, diciembre 25, 2010

AÑO NUEVO Y CINE ESPAÑOL




Estado de ánimo blogero: de momento, preparando dos artículos sobre cine español. Os dejo con una reflexión del maestro.

Yo abogo por la complejidad, por un tipo de cine que no está de moda, un cine sin las facilidades seductoras de la aventura superficial; un cine que duela, que conmocione en las profundidades; un cine de estética deslumbrante, pero también de deslumbrante sencillez, o de deslumbrante complejidad; un cine de autor porque detrás de cada buena imagen hay alguien con talento que la crea, y sobre todo porque ese alguien me cuenta cómo ve él la vida - sólo él, su punto de vista, sus inquietudes - y me enriquece con su visión; un cine a veces difícil de ver, complejo, inteligente y sobre todo sensible.


(Carlos Saura).


Ojalá te escuchen.


lunes, septiembre 27, 2010

¡EXTRA, EXTRA!




Noticia de última hora. Acaba de salir el segundo número de Ojo de buey, interesante publicación de la que soy colaboradora. En esta ocasión está dedicado a David Fincher. No os perdáis mi interpretación de Seven y la revisión de un clásico de Louis Malle, Zazie en el metro.



http://ojodbuey.blogspot.com/

martes, mayo 11, 2010

LA ISLA INTERIOR (DUNIA AYASO Y FÉLIX SABROSO, 2009)


Cartel de la película.



Creo que no lo he dicho aquí antes: me gusta el cine español que se está haciendo en los últimos tiempos. O, al menos, una buena parte del mismo. Es más, matizo lo dicho afirmando que me gustan los actores que trabajan regularmente en estos momentos. Podría poner nombres pero me temo que la lista se haría larguísima y esta entrada perdería todo interés. Prefiero centrarme en la película que se anuncia en el título de la entrada que nos ocupa y que es la última que he podido ver.

Lo primero es lo primero y debo comentar que no he visto las películas anteriores del tándem Ayaso - Sabroso, por lo que mi desconocimiento de su trabajo es absoluto. No obstante, sí sé que suelen decantarse por el género de la comedia y que, a partir de Los años desnudos (2008) han cogido un camino orientado al drama que, en el caso que nos ocupa, es el género dominante.

Los cineastas proponen una pequeña historia ambientada en la isla de Gran Canaria, localización útil a la hora de situar a unos personajes que, cuanto menos, están aislados de todo y de todos. Este hecho me recuerda al cine de mi admirado Kim Ki - duk, siempre preocupado por el tema de la soledad y la incomunicación en la sociedad actual. La referencia puede ser válida desde el momento en que las relaciones que aquí se establecen son tan fuertes como lo es el amor fraternal que se deben todos y cada uno de los personajes protagonistas, un amor tan poderoso como el que se manifiestan / niegan los personajes creados por el cineasta surcoreano.

Una familia compuesta por los tres hijos, adultos ya, de un padre esquizofrénico y de una madre controladora. Cada uno afronta sus problemas como puede, en soledad y sin encontrar comprensión por parte de los demás: Martín vive fantasías creadas por su mente y adolece de obsesiones maníaco depresivas; Coral huye del dolor buscando amor y comprensión donde nunca podrá hallarlos; Gracia cree ser feliz en un mundo ficticio, el de la serie televisiva que protagoniza con éxito. Curiosamente, en lo profesional no han encauzado sus vidas tan mal. El verdadero problema radica en la familia, en cómo sobrellevar una problemática que es real y que nadie parece querer ver.






Martín sigue viviendo con sus padres, Victoria y Juan.



Pero empecemos a desenladrillar el cielo un poco. Permiso...


Atención: Spoilers


Prosigamos. Al principio se nos muestra la situación que desencadena el interés por conocer esta historia. Si Juan no hubiera sufrido el "accidente" que le ha de llevar a la muerte es probable que sus tres hijos decidiesen seguir cada uno por su lado, a pesar de que Coral y Martín se vean a diario en la casa de sus padres. Gracia, que vive en Madrid, ha de viajar a Las Palmas con urgencia, reencontrándose con una familia a la que necesita, lo cual demuestra con las numerosas llamadas que efctúa a lo largo del día. El problema radica en la imposibilidad de pedir ayuda. Pero no adelantemos sucesos. Como iba diciendo, Gracia regresa y se encuentra con que las cosas no van bien y parece que nadie quiera darse cuenta de ello. Así las cosas, ambos directores deciden ponernos en antecedentes, para lo que se retrotraen tres días en el tiempo y nos cuentan cada una de las historias; y por separado, a modo de capítulos precedidos por unos títulos en una tipografía creada por David Delfín (la misma que la utilizada en los créditos iniciales) que a mí, particularmente, no me gustan en absoluto (el toque infantil está de más para mi gusto).
Os podría hablar más de las historias, destriparos la película a los que no la hayáis visto todavía (pero si he avisado, señores), pero no, de lo único que quiero hablar es del trabajo de los actores.





Martín, Coral, Gracia y Victoria escuchan al médico, cada uno a su manera.

Atención a las expresiones de los rostros: son el resumen perfecto para cada uno de los caracteres.

Lo primero que he de decir, y con ello hago un breve resumen de lo que sigue, es que me quedé con las ganas de alzarme de mi butaca y aplaudir a rabiar. No lo hice porque una está bien educada y concienciada como para hacer el tonto en el cine, pero ya les digo que en el salón de mi casa me hubiese desquitado a placer.

Lo de Geraline Chaplin es algo a lo que ya estamos acostumbrados, pero no deja de sorprenderme la naturalidad de esta mujer que se ve tan frágil físicamente y, sin embargo, es capaz de crear unos personajes tan fuertes. Victoria es una mujer que, ante todo, apoya a su marido, su amor verdadero pese a lo sucedido en una etapa de sus vidas (descubrimiento horrible que hace el espectador y que condiciona los sucesos posteriores). Esta señora que traspasa la pantalla es maravillosa, digna hija de su padre.

Cristina Marcos da cuerpo y espíritu a un personaje sumamente frágil (todos lo son) y tierno. Su desesperación al comprobar como aquél al que ama y del que espera un hijo no está ni siquiera interesado en ella la lleva a sentirse diminuta hasta que su enfermedad mental (y la ausencia consentida de medicación) le lleva a crear situaciones terribles. Cualquiera podría ponerse en la piel de esta mujer que ha de abortar ante la imposibilidad de estar estable mentalmente y tener el bebé (no puede medicarse estando en estado). A pesar de todo ello, y de sus miradas de extrañeza al reencontrarse con los suyos (su personaje parece sentirse un tanto marciano al volver al hogar), no pierde la sonrisa y trata de comprender motivaciones como las de padre a la hora de abusar de su otra hija, Coral, interpretada por Candela Peña con gran acierto.

Es Coral la más fuerte de los tres hermanos, la más independiente (a nivel de la familia, eso sí, porque luego vemos como está totalmente enganchada a una relación con su jefe, interpretado por el enorme Antonio de la Torre, que no le beneficia en absoluto). Peña compone un personaje que se rebela y que estalla en el momento menos pensado, desencadenando así la tragedia. La escena en que se enfrenta a su padre (Celso Bugallo) con una rabia descontrolada es memorable y es la catarsis que necesitaba desde hacía mucho tiempo.


Coral y Martín se miran tras la escena en la que ella rompe con el tabú familiar.

Pero, para mí, es el personaje de Martín el más interesante de la película. El trabajo de Alberto San Juan es brillante, una vez más. De un tiempo a esta parte lo estoy encontrando en distintos proyectos y considero que ha crecido tremendamente como actor y que es uno de los valores seguros que tiene el cine español a día de hoy. Nos quejamos mucho del cine que se hace en este país pero lo cierto es que, como digo, contamos con buenísimos actores y San Juan es una buena prueba de ello (¿para cuándo una entrada dedicada a él? Pues, como la cosa siga por estos derroteros, antes de lo que ustedes piensan). El actor nos hace un regalo con el papel de Martín, profesor de Literatura enamorado platónicamente de una alumna (una pena que la joven actriz, Gara Mora, no sepa / pueda estar a su altura a la hora de darle la réplica), absorto en sus cavilaciones de tal manera que no puede darse cuenta de la tragedia vivida en su casa años atrás (es maravilloso el momento en que le dice a Coral que no recuerda lo que allí pasó), un enfermo, al fin y al cabo, que despierta una ternura infinita. Alguien debería cuidar a este niño encerrado en el cuerpo de un atractivo hombre evitando caer en la sobreprotección materna que, al final, es lo que más daño puede causarle (ya iré a París, ya tendré tiempo de escribir mi novela).

La película termina habiendo pasado muchas cosas, pero con un reultado similar al del comienzo. No sabemos si los tres hermanos conseguirán salir adelante con un mínimo de felicidad en sus vidas. Parece que no son capacer de unirse ante la adversidad y, por parte de Victoria, la madre, no podemos esperar la menor ayuda: ahora que falta su amado seguramente se convierta en una muerta en vida. Un drama familiar con todos los ingredientes.

Ayaso y Sabroso nos cuentan estas historias complejas, un muestrario barroco (por la complejidad de los caracteres que la conforman y si ánimo de desprestigiar el film con un adjetivo que no se debe entender como peyorativo) de cómo las familias pueden llegar a ser una mordaza, una soga al cuello que, en determinados momentos, asfixian hasta el límite.

Se trata de una película correcta, con una estupenda dirección de actores que ponen todo de su parte para contar con enorme realismo una historia conmovedora que coloca nudos en la garganta y que, de ser algo menos almodovariana en su estética, sería de matrícula de honor.



jueves, mayo 06, 2010

ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS (ALICE IN WONDERLAND, TIM BURTON, 2009)




Los personajes de la película tomando el té muy bien avenidos.




Ya sabía yo que lo de las decepciones iba a ser la tónica habitual de este año cinéfilo. Tal vez no sea muy recomendable esperar ciertas películas con ansiedad pero, en algunas ocasiones, es inevitable (y ésta era una de ésas). Tim Burton tiene la culpa, ¡que le corten la cabeza!
Claro, una va tachando días, semanas y meses en el almanaque con la esperanza de no sentirse defraudada pero al empezar a escuchar noticias de refilón (a pesar de haber amordazado a ciertos amigos que, muy amablemente, se callaron sus opiniones por no condicionar a la que ésto escribe) y ver ciertas imágenes no puede reprimir un instinto animal que le dice que no va a salir satisfecha del cine. Y el instinto, que no es humano, no falla. Claro que no.

Aún así decidí cumplir un ritual importante para este tipo de cine de consumo masivo y, extremando las precauciones, acudí a una sala pequeña, en 2D (ya hablaremos de ello más adelante) y a horas intempestivas. Tres personas ante la pantalla. Genial. Shhhh, que empieza la película.

La primera impresión que tengo es que Alicia no me convence. Es demasiado tétrica, incluso para Burton. Esas ojeras y la palidez de su rostro... No la acabo de ver, no en el mundo en el que habita. Pero tal vez ésa sea la intención del cineasta, mostrarla como uno más de sus bichos raros, personaje extraño para aquellos que le rodean, cercano para aquellos que espiamos a través de la pantalla. El caso es que a mí me deconcierta y desconcentra pero bueno, tal vez el problema sea mío. Sin embargo, el trabajo de Mia Wasikowska no me disgusta y está bastante creíble en todo momento, con la cara de extrañeza que se supone debe tener una joven que no recuerda nada de su periplo previo por el País de las Maravillas.






Mia Wasikowska a punto de entrar en un mundo más real de lo que pudiera parecer.



Pero déjenme un momento, que cuelgo el cartel.

Atención: SPOILERS.

Gracias. Ya estoy con ustedes de nuevo. He dicho periplo previo, sí. Parece ser que Mr. Burton no deseaba hacer un remake de la película homónima realizada por Disney en 1951, aquella que todos conocemos y con la que, seguramente, hemos ido al cine a ver esta nueva versión del texto de Lewis Carroll. Así es y el guión recoge el mencionado texto que inspiró a la factoría de sueños, la segunda parte del mismo, Alicia a través del espejo, y otros textos del escritor, como el denominado "poema sin sentido" Jabberwocky. Con todo este material la historia se modifica sustancialmente, lo cual es todo un acierto por parte de Linda Woolverton, guionista del film. Sin embargo, toda adaptación, y más si se trata de un texto ciertamente extenso (o varios, como es el caso), conlleva una serie de problemas más o menos disculpables. Pero en este caso no lo son.
Vayamos por partes.

La película comienza con una Alicia de 19 años, una novedad interesante como ya veremos, condenada a llevar una vida convencional en una sociedad opresiva. Pero se trata de una joven diferente y por eso será la elegida para luchar en una guerra que es más suya que la propia.
Todo esto es nuevo para el espectador pero es interesante. ¿Qué sucede con Alicia cuando crece? Lo normal sería que, como Wendy, perdiese la inocencia y con ella la magia; afortunadamente no es así y es capaz de volver al mundo que la dejó marcada de una forma inconsciente,y recuperar parte de lo olvidado, ahora para siempre jamás.




Alicia recién llegada a un mundo que cree soñado.



Tenemos los elementos esenciales para rearmar la historia: el conejo blanco vestido de gala, pegado a un reloj de bolsillo, corriendo como alma que lleva el diablo con la consabida frase en los labios: "¡Llego tarde, llego tarde!", la madriguera que se convierte en surreal túnel, la sala con las puertas y los alimentos modificadores de talla. Es en este momento cuando la edad se convierte en un factor importante porque no es lo mismo que el vestido se le quede pequeño a una niña que a una joven mayor de edad. Antonio Jesús Navarro ("Fantasía y feminismo", en Dirigido por... nº 399 / Abril 2010) comenta este aspecto de la erotización, en cierto modo, del personaje. Y es que ahora vemos a una Alicia acosada por Stayne, el lugarteniente de la Reina Roja, y románticamente deseada por El sombrero loco. De ahí la importancia de que la actriz sea mayor de lo que se describe en los libros de Carroll. Los tiempos cambian, vaya que sí (no hay más que ver el cuidado que se pone en el vestuario excesiva e innecesariamente cambiante de la protagonista).

A partir de ese momento es cuando la historia empieza a tomar cuerpo (el prólogo resulta un tanto insustancial) y es cuando una servidora entra en un estado de saturación importante. Sucede que el espacio imaginado por Burton resulta demasiado barroco, recargado en exceso y, en ese marco, somos llevados a un ritmo vertiginoso de una situación a otra sin respiro y sin profundización alguna. Me explico: la impresión que tengo al ver la película es de un bonito y adornado envoltorio que recubre una caja vacía; pasamos de un personaje a otro con prisa, sin la menor intención de ahondar en el carácter de los mismos. Esto hubiera sido lo acertado y es por ello que la carencia más grande de que adolece el film es el guión. Un totum revolutum de pequeñas historias y personajes que podrían estar bien tramados, que podrían ofrecer un significado profundo para el espectador y que se queda en mera guerra buenos vs. malos.

Y ni siquiera consigue esta premisa porque podemos comprobar cómo la cabezona Reina Roja no es tan malvada como debiera y la Reina Blanca delega las maldades en otros, como si de un coloreado Poncio Pilatos se tratase. Porque si se trata de hacer una versión para adultos hagánla con todas sus consecuencias y si hay que mostrar la maldad dejen que se vea un ajusticiamiento o algo similar, ¿no creen? Las medias tintas no suelen funcionar y parece ser que así es en este caso.
¿Cuál es el problema? El problema es la ambición de querer llegar al mayor número de espectadores (niños, mayores, jóvenes palomiteros, seguidores burtonianos, excépticos del cine del tétrico cineasta - los cuales se habrán quedado a gusto, sin duda - ...) sacrificando lo que sea necesario con tal de hacer caja y aumentar números. La misma premisa que se esgrime al pretender exhibir en 3D una película hecha en 2D. ¿Era ésto necesario? Tratar de cabalgar la misma ola que James Cameron con Avatar (no puedo hablar de ella y creo que nunca lo haré) no es la mejor solución; no olvidemos que un espectador defraudado es un espectador perdido para futuras ocasiones.

Está claro que Tim Burton ha vendido su alma al diablo (¿Avril Lavigne?), ha vuelto a esos orígenes que tan poco apreciaba (sus inicios en Disney son interesantes y, probablemente, los causantes de que su cine haya discurrido por los derroteros por los que ha ido. Hasta hace bien poco) y el resultado no es satisfactorio (y miedo me da lo que puedan hacer con Frankenweenie).




Johnny Depp caraterizado como El sombrerero loco (¿un remedo de Madonna?).


Pese a todo, he de reconocer su buena mano a la hora de dirigir actores como los destacables Johnny Depp y Helena Bonham Carter, que logre integrar de forma bastante acertada animación y actores reales, aunque a Alicia a veces se la vea mirar hacia el infinito, y al escoger, una vez más, al genial Danny Elfman para recrear un mundo fantástico con su magnífica banda sonora. Pero, insisto, el desarrollo de personajes como El sombrerero se queda corto y creo que hubiera sido muy interesante analizar con mayor profundidad la alucinada personalidad de este ser del cual no sabemos nada. Limitar de semejante forma el siempre maravilloso trabajo de Depp es como tirar un millón de euros a la basura y ya que estamos por la labor de innovar y salirnos de las pautas popularmente establecidas seamos rebeldes de verdad y con todas las consecuencias (últimamente parece que sólo demande valentía. Será porque hace falta, y mucho, creánme señores).
Jabberwocky sí pero dramón sombreril también.
He dicho.

lunes, abril 19, 2010

CIUDAD DE VIDA Y MUERTE (NAIJING! NAIJING!, LU CHUAN, 2009)


Cartel de la película.


Primera decepción del año y, o mucho me equivoco, no será la última. Desde la primera vez que leí una mención hacia Ciudad de vida y muerte, la tercera película del cineasta chino Lu Chuan, tenía unas ganas tremendas de verla. Se decía que era polémica por el tema y por la manera de abordarlo (las guerras nunca son fáciles, ni siquiera cuando se trata de contarlas) y muy explícita con la violencia y, qué quieren que les diga, parece ser que me va la marcha, así que me he interesado por ella y por fin la he visto, en la sala 3 y rodeada de gente. Mucha espectación y un gran chasco. Ahora entenderán por qué. Pero antes de nada déjenme que cuelgue el consabido cartel.

Atención. Spoilers.


Lo que aquí se narra es la ocupación de la ciudad china de Nanking por parte de las tropas japonesas en el invierno de 1937. No se trata de un episodio demasiado conocido y siempre ha sido objeto de polémica entre ambos países, que no se ponen de acuerdo a la hora de cuantificar el número de víctimas de una masacre que no deja de serlo ya sean 3 o 300.000 los muertos. A simple vista parece que Lu Chuan lo tiene claro y su deseo es mostrar la crueldad de unos soldados que no reparan en gastos a la hora de cometer atrocidades. Para ello elige unos determinados personajes, algunos reales, algunos ficticios, y los sigue a lo largo de dos meses en la capital de la República de China con una fotografía en blanco y negro apabullante que le permite regalar al espectador con numerosos planos realmente hermosos y emotivos.


Se ha escrito mucho sobre las similitudes con ciertas películas como La lista de Schindler (Steven Spielberg, 1993) o El pianista (Roman Polanski, 2002) y lo cierto - y la pena - es que así es. Para empezar nos encontramos con un reparto de personajes tipo realmente manidos. Tenemos al soldado bueno desde el principio, que siente horror ante las acciones de sus compañeros; el soldado malo que acaba por ablandarse ante la actitud del cobarde que decide ser valiente y morir por la causa; la mujer fuerte que no duda en ayudar a los demás aunque tenga que dar su vida a cambio; los foráneos que adoptan la causa como propia a sabiendas que nada puede pasarles debido a la inmunidad diplomática... Creo que no es necesario continuar.
Como digo, la trama es harto conocida pero también es cierto que nada nuevo puede esperarse ya de una guerra o de una invasión como la que aquí presenciamos. Sin embargo, tal vez el enfoque, de ser distinto, hubiera dado lugar a un film que dejase menos que desear. No por casualidad hay escenas que parecen calcadas de las películas antes mencionadas, como por ejemplo, el momento en que tiran a la hija del Sr. Tang por la ventana. Ante esto el espectador no puede menos que rememorar aquella escena de El pianista en que un hombre inválido era arrojado por la ventana, silla de ruedas incluida, ante la horrorizada mirada de sus familiares y vecinos.





Los habitantes de Nanking no pueden soportar la invasión y quieren salir de la ciudad ante la resistencia de las tropas japonesas.



Pero una vez nos hemos hecho a la idea de que no vamos a ver nada nuevo lo que sí podemos hacer es esperar una buena factura y un buen guión. Lo primero se cumple con creces. Como ya he comentado anteriormente, la calidad fotográfica es excelente, al igual que la mayor parte de la planificación y los movimientos de cámara. Son numerosas las ocasiones en las que Chuan nos pone en la piel de alguno de los personajes y, con ellos, corremos para socorrer o perseguir a alguien. Y eso siempre es de agradecer, aunque la finalidad última sea llevar al espectador a una emotividad que busca la lágrima fácil. Pero si al espectador le gusta sufrir (como es el caso), la pega tampoco es muy grande.

Y en cuanto al guión, a pesar de que no es demasiado original, la historia que se nos narra es interesante. Queremos saber qué sucede con los personajes (con unos más que con otros) y nos emocionamos antes hechos que se desarrollan ante nuestros ojos con crudeza; sin embargo, hay algo que molesta sobremanera y es el hecho de pretender darle a la película un tono épico del que carece y que no está justificado en modo alguno.Y parte de la culpa la tiene la banda sonora, totalmente desequilibrada y poco ajustada al tema y la época. Me explico con un ejemplo: estoy pensando en el momento posterior al ajusticiamiento de cientos de soldados chinos, cuando un soldado es encuadrado por la cámara, desde la espalda, mientras observa un campo plagado de cuerpos muertos y se escucha una música de tambores que se va haciendo más intensa según la cámara hace un travelling en altura con el fin de mostrar un campo más amplio y, con ello, la totalidad de la matanza. Pues bien, señores, esto no es Braveheart (Mel Gibson, 1995) ni nada que se le parezca, porque esto es lo que le viene a una a la cabeza en ese momento. Allí no ha habido ninguna lucha cuerpo a cuerpo, con o sin espadas, mostrando valentía u obediencia a los altos mandos sino un asesinato masivo, a traición y con saña. Es por ello que el tono de batalla que le da el cineasta chino está absolutamente injustificado y hace que la escena adquiera un tono surrealista que lastra la película a partir de ese momento.




Los soldados japoneses fusilan a sus homólogos chinos en uno de los momentos de la película.


Otro de los momentos molestos es el mismo final. Tras ser indultados por Kadokawa, el sargento bueno, un soldado chino y un niño que ha actuado de pequeño ayudante durante las escaramuzas en la ciudad escapan a paso lento (muy lento) de su oscuro destino y, mientras escuchan una detonación, la de la pistola del sargento que sabe (y afirma) que vivir así es peor que la muerte y prefiere quitarse de en medio, empiezan a recoger flores y a reir. Señores, no sé ustedes, pero lo que es a mí este final me molesta. Y me molesta porque después de todo lo que han vivido estas gentes no me puedo creer que hagan lo que hacen porque aunque salgan de la ciudad con vida no tienen motivos para mostrarse alegres ante el incierto futuro en un país tomado por los japoneses.
Por no hablar del momento musical con el que celebran la toma de Nanking. Esta escena es lo más absurdo que he visto en mucho tiempo en una película con ínfulas de realismo y crudeza. Como si de un videoclip se tratase, los soldados danzan al son de un tambor ejecutando un baile tradicional y ritual, avanazando por las calles con pasos similares a los que se ejecutan en una clase de tai-chi. No dudo que este tipo de celebraciones sean así, al igual que no me parece mal que se muestre, lo que no tolero es que Chuan le dedique tantos minutos a esta escena y que la ruede de la forma en que lo ha hecho. Es simplemente terrible.

Y bueno, como siempre doy una de cal y una de arena, y cuando toca hablar de la actuación no puedo si no quitarme el cráneo. Todos y cada uno de ellos hacen suyos unos personajes interpretados con realismo y credibilidad.
El gran descubrimiento es Liu Ye, un actor chino de bellísimo rostro que interpreta una de las mejores escenas de acción del film y, con mutismo absoluto, dice todo con la mirada, dando cuerpo a uno de los personajes que más me han gustado, si no el que más.
Hideo Naikazumi interpreta al protagonista, ese sargento bondadoso caracterizado por una dualidad que no deja de ser extraña porque tan pronto se muestra indeciso y embobado ante las situaciones que vive como ha de detentar un carácter fuerte que se corresponda con su rango. Éste es el personaje que tanto ha molestado al pueblo chino, algo totalmente comprensible, porque de meterse en camisas de once varas y denunciar un hecho que siempre se ha tratado con precaución diplomática es mejor no edulcorar la historia y atreverse a dar la cara ante un posible enfrentamiento de opinión. Y Lu Chuan no se atreve. Es por ello que quiere hacer ver que hubo gente que no era tan cruel pero en este caso no nos sirve y, como sucede con la fotografía, la postura debería ser en blanco o en negro porque eso es lo que demanda la historia y en este caso las medias tintas no sirven.

En Blog de cine se dice que el cineasta no se posiciona y que nos muestra los hechos tal y como sucedieron, sin juzgar ni a unos ni a otros. Yo creo que sí se decanta y lo hace de la forma menos afortunada, redimiendo a todos y cada uno de los personajes, como, por ejemplo, el ayudante del enviado nazi, Mr. Tang, que pasa de ser un cobarde a un héroe, dando una lección al terrorífico alto cargo japonés que ya no nos parece tan malo. Y no creo que que sea la manera de mostrar un tema como el aquí relatado porque la crudeza y el horror quedan diluidos y la fuerza pretendida se pierde en un quiero y no puedo.

Me gusta que las películas ofrezcan una forma bella, un envoltorio atractivo que nos seduzca, pero cuando lo que falla es el fondo no hay nada que hacer. Y Ciudad de vida y muerte falla.



jueves, abril 15, 2010

FOREVER KING OF POP

Nueva colaboración con el blog de danza dMoove, en esta ocasión hablando del espectáculo Forever King of Pop.

Que no pare la música.

EL EVANGELIO SEGÚN PASOLINI

Pues sí, hoy me siento muy orgullosa de mis años de investigación, de mi trabajo en definitiva. La sorpresa ha sido mayúscula cuando he comprobado - totalmtente alucinada, eso sí - que Antonio Piñero ha citado un artículo que publiqué hace unos años en su libro La verdadera historia de la Pasión. Según la investigación y el estudio histórico (2008).

Así es, en la página 253 se hace mención a El evangelio según Pasolini: una aproximación al texto, publicado en Latente. Revista de Historia y Estética del Audiovisual, nº 4, Universidad de La Laguna, 2006.

Aquí lo enlazo, por si queréis echarle un vistazo. Por mi parte, estoy que no quepo en mí de gozo.

La verdadera historia de la Pasión

martes, marzo 16, 2010

AND THE WINNER IS

El sargento Thompson (Guy Pearce) salta por los aires tras un error fatal.


He vuelto con fuerza y con ganas de guerra. Y nunca mejor dicho porque la protagonista de esta reseña es la triunfadora en la pasada gala de los Oscar 2010, The hurt locker (Kathryn Bigelow, 2008).

Lo primero de todo es darle el reconocimiento que se merece por derrotar contra todo pronóstico a la megaproducción de James Cameron, Avatar (2009) - dejemos el morbo y el cotilleo de lado, por favor. No puedo establecer comparaciones puesto que me resisto, pese a todo, a visionar cualquier cosa que tenga que ver con Pandora, pero me alegro en cualquier caso de que Bigelow haya sido la primera mujer en recibir un Oscar a la mejor dirección y con una película que, a simple vista, parece polémica. Sin embargo, no lo es. Y puede que éste sea su peor fallo.

Aviso de spoilers.


Pero empecemos por el principio y seamos justos. The hurt locker nos habla de un determinado grupo de soldados, la compañía Bravo, que se dedica a desactivar bombas en Iraq. Desde el primer momento se nos informa de que no les quedan muchos días para finalizar su misión, sin embargo las cosas cambian cuando un ¿error? provoca la muerte del sargento Matt Thompson (Guy Pearce). Es en ese momento cuando llega el sargento James, una especie de loco temerario que no parece asustarse ante nada pero que, sin embargo, actúa bajo patrones bastante lógicos, como cuando afirma ante una bomba de enorme potencial destructivo que el traje protector sólo le sirve para trabajar incómodo porque si estalla morirá de todos modos. Pero sus compañeros, el sargento Sanborn y el especialista Eldridge, no lo ven así. Y éste es uno de los hilos argumentales de la historia: ¿hasta qué punto deben obedecerse las órdenes de un superior cuando éste rechaza cualquier tipo de norma?

Así, asistimos a un tira y afloja entre James y Sanborn (Eldridge pasa prácticamente de todo, que bastante tiene con lo suyo) que no deja de lado la camaradería: James demuestra que es un gran tipo, un poco loco, sí, pero que sabe cuidar de los suyos a su manera.

Con esta historia, y éste es otro de los hilos argumentales, Bigelow nos muestra cómo la acción y el peligro pueden dar lugar a una adicción a la adrenalina, tan potente como cualquier droga. El sargento es la prueba de ello y el espectador comprueba cómo no duda en sacrificar el resto de su vida por poner a salvo la de otros, sean compatriotas o no.

Y es aquí donde hallo el punto débil de la película que, por otro lado, está bien realizada, de forma casi documental, con cámara al hombro trepidante, iluminación natural y efectos especiales muy reales. Porque lo fácil es mostrar a los norteamericanos en Iraq cual elefantes en una cacharrería, siendo juzgados por los habitantes de un país que asisten a la desactivación de las bombas con las cejas enarcadas, que se comportan como héroes que tratan de salvar el mayor número de vidas posible y que no dudan en morir si la misión lo requiere. Lo cómodo es ser complaciente con los tuyos, mimarles con ternura, y tratarles como una madre que presume de hijos ante las vecinas. "Pues mi hijo desactiva bombas en un país lejano, para que luego digan que si invasión, que si tal, que si cual".

Pues no, Mrs. Bigelow, lo suyo hubiera sido ganar un Oscar con un film políticamente incorrecto, con el que se metiera el dedo en la llaga de los EE. UU. mostrando la barbarie en un país destrozado, humillado y dejado a su suerte, por muchas bombas que se desactiven, que eso no lo pongo en duda. De haberlo hecho así, el mérito sería enorme y la película quedaría en el imaginario colectivo, cosa que no sucederá porque, como me pasa a mí misma, estas imágenes se olvidan pronto pese a la crudeza de alguna de ellas.

Pero hay más cosas que me molestan, como por ejemplo las secuencias interminables (el momento en que abaten al especialista y, hasta que lo rescatan, se me hizo eterno; o las escenas en las que se muestra la humanidad de James que, aunque necesarias para entender el complejo carácter del protagonista, se antojan ñoñas y excesivas) o esos cameos innecesarios ya que tanto Guy Pearce como Ralph Fiennes mueren a la primera de cambio (por no hablar de Evangeline Lilly que no sé muy bien qué pinta en esta película). Nunca he entendido esta forma de actuar que no deja de ser un truco barato para conseguir el favor del público (y con esto me refiero a lo cameos de milésimas de segundo).



El trasero de Ralph Fiennes que es, básicamente, todo lo que nos muestra en la película.


Pese a todo ello (no entiendo la mecánica de los Oscar, señores, qué se le va a hacer) he de reconocer que la película me entretuvo (aunque le falte tensión), y que si algo disfruté en la butaca fue gracias al trabajo de los actores. El mérito es de gente como Anthony Mackie, Brian Geraghty y, muy especialmente, Jeremy Renner, al que ya conocíamos por su excelente trabajo en En tierra de hombres (Niki Caro, 2005).



El sargento James (Jeremy Renner) haciendo de las suyas.


Una película más de guerra, desde otro punto de vista si quieren, esa es la conclusión a estos pensamientos. Lo único que la hace distinta es que sus artífices han recogido varios Oscar. Qué se le va a hacer.


domingo, marzo 14, 2010

CUANTOS COMO ELLOS...




Una foto para dejar constancia del agravio de nacer en una clase de segunda. Una foto como souvenir para aquellos que no se lo quieran creer.


Con motivo del fallecimiento de uno de los nuestros, uno de los grandes, Miguel Delibes, se emitió una de las 10 adaptaciones que de su obra se han hecho, y una de las mejores películas del cine español de todos los tiempos. Los santos inocentes, realizada por Mario Camus en 1984, es tan especial que es pensar en ella y comenzar a experimentar muchas emociones. Así que me dispuse a verla por tercera o cuarta vez (y las que quedan).

No he leído el libro (supongo que lo haré en algún momento), así que no puedo saber si la adaptación es correcta pero me fío de la palabra del maestro que dio el visto bueno a la película e, incluso (y según contaba Alfredo Landa en Versión Española, durante el coloquio de un día de 2006), a los actores que encarnan los tipos que recrea en su libro. Una novela rural, de costumbres, característica que el autor pucelano hizo propia a lo largo de su obra, con unos personajes muy definidos y contrapuestos, marcando la diferencia de caracteres que nos podemos encontrar a lo largo de la vida, creando un pequeño universo perdido de la mano de Dios.

Sin embargo, al principio de la película se nos hace partícipes de la localización de la historia. Ésta se desarrolla en Zafra, como bien vemos en el cartelón de la estación, desde la que, como si de un homenaje hacia la entrada del tren en la estación de la Ciotat de los Hermanos Lumière se tratase, vemos llegar el tren que ha de traer de vuelta a Quirce, el primero que nos muestra su visión de los hechos. Porque la historia, lejos de ser lineal y simple, está estructurada a través de una serie de flash backs según los recuerdos de cada uno de los miembros de la familia de Paco el bajo. Bueno, todos no, porque lo que Régula piensa no lo vemos, quizás porque sus miradas y silencios sean demasiado evidentes en todo momento. No lo sé, pero siempre me he preguntado el porqué. Quirce y Nieves son los hijos, junto con la niña chica, que huyen del cortijo en cuanto pueden, y no se lo podemos reprochar en ningún momento, aunque sí las actitudes hacia sus padres. Cada vez que veo cómo el chico se marcha de nuevo sin despedirse de su padre, tal vez para no regresar nunca, me hierve la sangre en las venas. No lo puedo comprender pero su carácter es así. Nieves es igual de callada pero parece ser más cumplidora con sus progenitores; sin embargo también prefiere cambiar de aires y marcharse a la ciudad en busca de una vida mejor. La pregunta que siempre me viene a la mente es si reniegan de sus padres, si se avergüenzan de todo lo que han pasado y habrán de pasar.

Paco el bajo. Landa definía su actitud y la del resto de la familia (Régula y Azarías) como amor, el más puro de todos. Y sólo así ésta es comprensible, sólo así podemos entender que no reaccione ante todos los desplantes que recibe del señorito Ivancito, desagradecido donde los haya. Habrá de ser Azarías, con su "miaja inocencia" el que haga justicia al fin, lo que todos deseamos suceda desde el inicio del film. Tanta miseria consentida, tanta desgracia junta, tanta tristeza engarzada en las miradas no es comprensible para aquel que sigue la historia de esta familia desde el sofá de su casa.




Azarías, el mayor de los inocentes, el mayor de los valientes.



Creo que la historia es harto conocida por los lectores que aquí se asoman por lo que no quisiera contar nada más, evitando colgar el habitual cartel de spoilers. Decir que se trata de una confrontación entre clases sociales donde los poderosos ejercen su mando con tiranía y los desafortunados acatan sin límites. Sólo comentar un par de datos, entre los que quiero destacar la labor actoral. Ayer pensaba en cómo un actor puede estar sublime en una película y en otras no destacar tanto y llegué a la conclusión de que esto depende de muchos factores pero el más importante es, sin duda alguna, el director. Mario Camus hace una excelente labor de dirección de actores en la película y ellos responden con maestría, regalándonos interpretaciones inolvidables. Paco Rabal, Alfredo Landa, Terele Pávez (¡qué porte, señores!), Juan Diego, Agustín González (cómo le echo de menos...), Mary Carrillo... Todos hacen de sus papeles pura verdad logrando extraer exclamaciones de rabia mal contenida en quien estas líneas escribe. Es tan bueno su trabajo que consigue que nos alteremos ante las injusticias y atropellos que se cometen contra los pobres desheredados de la tierra. Al visualizar el título de Fin sólo cabe alzarse del asiento y aplaudir. ¡Bravo!

Y qué decir de la fotografía maravillosa, como siempre, de Hans Burman. Son esas luces y sombras, esos amaneceres cubiertos de niebla, esas carreras alegres en los juegos de Azarías las que ofrecen el contexto necesario a la hora de imaginar a los personajes que pueblan el cortijo y sus alrededores, hasta llegar a La raya, lugar maldito donde se aparta a aquellos que no se quiere cerca más que para ordenarles hasta llegar al absurdo, a lo irracional de un hombre que se sabe superior por no sé cual ley natural.

La película es magistral, sin duda alguna. También sé que la materia prima lo era ya. Y hoy ya no contamos con su autor. Descanse en paz, Miguel Delibes.