Unos amigos están empezando a rodar por el mundillo del cortometraje. No os perdáis su ya premiada opera prima, A cuchillo. Intriga, sorpresas... y mucha ilusión.
¡Ánimo chicos!
Unos amigos están empezando a rodar por el mundillo del cortometraje. No os perdáis su ya premiada opera prima, A cuchillo. Intriga, sorpresas... y mucha ilusión.
¡Ánimo chicos!











Y para celebrar la primera centena de este blog cinéfilo que mejor que dejar de lado por un instante su objetivo habitual, cambiar de regsistro y hablar del resto de las Artes (algo que, por otro lado ya no resulta original ni transgresor en este espacio, pero me gusta).
Y es que necesito hablaros de un señor que me tiene atrapada en su aullido silencioso. Después de El grito de Edvard Munch, es el que Francis Bacon plasma en su obra el que más me atrae. Su pesadilla es subyugadora, inquietante, pero comprensible.
Confieso que nunca me había llamado la atención este artista, que no había sentido su llamada hasta que tuve la ocasión de admirar su obra en el Museo del Prado (no cambies nunca, por favor). No quise escuchar las explicaciones de la audioguía, me negué a tener una explicación previa para poder admirar con los ojos limpios de conocimiento una visión de la vida particularmente pesimista. Y ya lo creo que lo disfruté.


Y tras estas recomendaciones para almas saludables y después de haber aparcado por unos días mis visionados habituales, ahora toca recuperarse y ver los nominados a los Oscar. En breve más y, espero que así sea, mejor.




Teníamos once películas en nuestra cartera, ávidas como íbamos de cine, de superar así el mono de master que este año no fue. Y no se puede decir que fuesen buenas películas, pero qué se le va a hacer, por el argumento no se puede predecir la calidad del cine. Sin embargo, el poder asistir a sesiones masificadas, como en otros tiempos, me llenó tanto que salí satisfecha, incluso a las
Como no me da la vida para haceros una crítica decente de todas las pelis, me limito a enumerarlas y a deciros cuáles merecen la pena desde mi humilde opinión. ¡Allá vamos!
- Entre os dedos (Tiago Guedes y Frederico Serra): lo único destacable es la maravillosa fotografía en blanco y negro. Por lo demás, no merece la pena.
- The other man (Richard Eyre): no comments. Si lo que queréis es reíros de Banderas y Neesson...
- La belle personne (Christophe Honoré): maravillosa en los enredos adolescentes y con la nouvelle Anna Karina. Léa Seydoux promete y mucho. ¡Ah! Y para fans del estupendo Louis Garrel.
- Frozen River (Courtney Hunt): una de las joyas del Festival. Espero que gane
- Genova (Michael Winterbottom): qué desperdicio hecho con el argumento y con Colin Firth. Super aburrida, de telefilm de Antena 3. Por cierto, me gustaría saber cómo se le pasó lo del casco a Mr. Winterbottom, no lo entiendo.
- Burn After Reading (Joel y Ethan Coen): otra de las películas reseñables del fin de semana, y con la presencia de mi muy admirado John Malkovich. Brad Pitt sorprende y hace que el público se retuerza de risa en su asiento. Para no perdérsela.
- Heaven´s Heart (Simon Staho): interesante film, realizado con cuatro actores estupendos y un decorado limitadísimo. Bergman le nombró su sucesor y se nota.
- Lemon Tree (Eran Riklis): conflicto israelí - palestino con unos limoneros y una mujer de armas tomar por medio. No está mal.
- Amateurs (Gabriel Velázquez): la única película española que íbamos a ver y la mejor cabezada del fin de semana. Un despropósito hecho cine.
- Atlantis (Digna Sinke): nos la vendieron como sorprendente, pero no dijeron si para bien o para mal. Y resultó ser lo último. Una ida de olla futurista que no tiene ni pies ni cabeza. Aún sigo esperando una respuesta para el hombre de los brazos gigantes.
- La rabia (Albertina Carri): ¿para qué tanta brutalidad, tanta crueldad gratuita? Mucha gente se marchó del Kursaal y yo les entendí. Innecesaria mezcla de La caza y Los santos inocentes llevada al exceso.
* Fotografías: bolboreta.
Maravillosa. Este es el calificativo que me viene a la cabeza cuando pienso en
Una historia de dolor, un dolor que se hace cada vez más intenso, tanto que, cuando se acerca el momento en que se descubre la verdad de lo acontecido no quieres que Juliette sea redimida porque el dolor es mucho peor así, cuando una madre hace lo que ella ha hecho por amor. Simple y llanamente. AMOR.
Así que se trata de un film, la opera prima de Claudel (que desde hoy mismo está en mi lista de “interesting directors”. Habrá que seguir de cerca los pasos de este escritor reconvertido en cineasta para seguir relatando imágenes), que encoge el corazón a cada segundo que pasa, en cada silencio, a cada movimiento de cámara que se recrea en los rostros, hermosos pero hechos pedazos, especialmente el de la actriz inglesa, que expresa tanto que duele.
Me gustan los actores (magnífica también Elsa Zylberstein), me gusta la textura de la piel sin maquillajes que enmascaren sentimientos y expresiones, me gusta la luz, la recreación en una historia terrorífica que se desvela paso a paso hasta llegar a lo irremediable… En definitiva, una película necesaria, adecuada para el momento, en la línea de la ya comentada y bien valorada Cuatro meses, tres semanas y dos días (Cristian Mungiu, 2007).
Una reflexión aplicable a otros ámbitos (desde luego) y que demuestra que, a pesar de todo y de todos, je suis la.

The dark Knight. O El caballero oscuro. O Heath Ledger interpretando al mejor Joker que he visto en mi vida (lo siento Jack). Porque, si se me permite la licencia, él es la película, es con su actuación con la que disfruto, a pesar de que el reparto sea de lo más interesante y solvente, todo sea dicho. No pretende esta crítica ser un homenaje postmorten hacia el actor australiano, sin embargo es de justicia darle al César lo que es del César. Y en este caso ha de ser así.
Christopher Nolan firma su segunda incursión en el mundo del comic avanzando un paso más hacia la conversión de la que se inició como una historia oscura en su estética plástica (recordemos el trabajo de Tim Burton y las caracterizaciones de los personajes, con especial interés hacia los villanos multicoloridos) y que culmina con esta película que ahora nos ocupa (a mí porque la escribo y a vosotros porque sufrís su lectura), la más realista de la saga y, sin embargo, la más profunda y oscura. Esta vez se ahonda un poco más en la complejidad del personaje de Bruce Wayne y se le da un poco más de protagonismo a los secundarios, que ya no lo son tanto (buenos trabajos los de Gary Oldman, Morgan Freeman y Aaron Eckhart). La noche debía ser oscura y Batman le aporta ese toque de descenso a los infiernos que impregna el film durante las cerca de dos horas y media que dura.
La película es espectacular, en la línea de las adaptaciones que surgen de los comic, con buenos efectos especiales, sorpresas, momentos inesperados… y caos, mucho caos, siempre provocado por un personaje, el del Joker, defendido por un actor, Heath Ledger, que decidió poner en práctica las enseñanzas del de las cicatrices con un final inesperado. “¿Por qué estás tan serio?”