sábado, agosto 16, 2008

THE DARK KNIGHT






The dark Knight. O El caballero oscuro. O Heath Ledger interpretando al mejor Joker que he visto en mi vida (lo siento Jack). Porque, si se me permite la licencia, él es la película, es con su actuación con la que disfruto, a pesar de que el reparto sea de lo más interesante y solvente, todo sea dicho. No pretende esta crítica ser un homenaje postmorten hacia el actor australiano, sin embargo es de justicia darle al César lo que es del César. Y en este caso ha de ser así.
Christopher Nolan firma su segunda incursión en el mundo del comic avanzando un paso más hacia la conversión de la que se inició como una historia oscura en su estética plástica (recordemos el trabajo de Tim Burton y las caracterizaciones de los personajes, con especial interés hacia los villanos multicoloridos) y que culmina con esta película que ahora nos ocupa (a mí porque la escribo y a vosotros porque sufrís su lectura), la más realista de la saga y, sin embargo, la más profunda y oscura. Esta vez se ahonda un poco más en la complejidad del personaje de Bruce Wayne y se le da un poco más de protagonismo a los secundarios, que ya no lo son tanto (buenos trabajos los de Gary Oldman, Morgan Freeman y Aaron Eckhart). La noche debía ser oscura y Batman le aporta ese toque de descenso a los infiernos que impregna el film durante las cerca de dos horas y media que dura.
La película es espectacular, en la línea de las adaptaciones que surgen de los comic, con buenos efectos especiales, sorpresas, momentos inesperados… y caos, mucho caos, siempre provocado por un personaje, el del Joker, defendido por un actor, Heath Ledger, que decidió poner en práctica las enseñanzas del de las cicatrices con un final inesperado. “¿Por qué estás tan serio?”



lunes, julio 28, 2008

BREATH



Os había prometido una crítica de la última película de Kim Ki - duk y aquí está, pero tendréis que acceder a mi otro espacio virtual para leerla. Todo esto tiene un sentido (¿o no?), ya lo entenderéis.
Sólo tenéis que pinchar en almairracional, en la columna de la derecha, algunos ya lo conocéis.



jueves, julio 24, 2008

AMÉLIE A LA COREANA


Acudí presta, rauda y veloz a la proyección de la última película de Park Chan - wook (o al revés, que con el coreano nunca se sabe), Soy un cyborg (2006). Nada más ver el cartel y leer la sinopsis estaba deseosa por verla, quería introducirme en ese sanatorio mental tan colorido, diseñado como si de una guardería se tratase, cuanto antes.
Sin embargo, al poco de empezar a correr la bobina de celuloide me di cuenta de que eran muchas las expectativas para terminar por comprobar que había demasiado de la pequeña francesa que quería hacer feliz a la gente. Y es que el peso del film de Jean - Pierre Jeunet (Amélie, 2001) es tan enorme que acaba por sepultar la originalidad del argumento. Incluso el uso de la banda sonora es tremendamente mimético.
Pero qué se le va a hacer, me dije y me acomodé como pude en la fría butaca que había escogido y me decidí a no dejar que las comparaciones odiosas (¡oh, dioses!) me estropeasen la tarde. Y sí, pude disfrutar, pero sólo en cierto modo, porque se me hizo larga, mucho.
Aún así hay momentos interesantes: el inicio de la historia, realmente complicado de seguir con tres historias a la vez y muy desordenadas; la matanza al ritmo de la música clásica (sí, me recuerda a Kubrick - I´m singing in the rain! -, pero era de esperar); los momentos en los que ella es realmente un cyborg; la violencia que le quita un poco de merengue a la historia de amor que es bonita, para que lo voy a negar; los colorines que inundan la película,...
No sé, es el típico film que le da al espectador una de cal y otra de arena. Ahora sólo me queda recuperar la Trilogía de la venganza, para comprobar si es un director que merece la pena, o no.
Tal vez Kim Ki - duk me deje menos indiferente. Ya lo comprobaréis con vuestros propios ojos.

lunes, julio 07, 2008

¿LOS CRONOQUÉEEEEEEEEEEEEE???????


¡Ay! Pues sí, ya he vuelto y, por cierto, ha sido niño. Y es más, regreso con ganas para hacer una de las mías. Ahora lo entenderéis, mis fieles lectores.
Durante estos días en los que no he escrito, me he dedicado a ver algunas películas más o menos interesantes, a saber: El último viaje del juez Feng, Mil años de oración, Antes que el diablo sepa que has muerto…., entre otras. Y ninguna de ellas me ha despertado de mi letargo de amanuense cansada de criticar porque sí, sin un motivo real más que el de seros yo también fiel.
Sin embargo, hoy me he levantado con la imperiosa necesidad de deshacerme en garabatos digitales, de desparramar mis opiniones en este pequeño espacio. Vamos, que ayer estuve mirando Los cronocrímenes (Nacho Vigalondo, 2007), y no es un error gramatical, no, estuve mirando y no viendo, aunque sí estuve escuchando y no oyendo. Ahora desenladrillo el cielo, no os preocupéis.
Una momia rosa o, mejor dicho y más bien, el hombre invisible con un criterio estético muy discutible. Ésa era la información con la que contaba antes de meterme en la ridícula sala del cine al que acudí presta a acompañar a una personita importante. ¿La sala 4? Pues sí, ésa es la confianza que se le otorga al cine español, ya veis. Y da igual qué película sea.
En fin, que comenzó la proyección y desde el principio no pude hacer otra cosa que mirar. Es que no lo pude evitar: Karra Elejalde me impedía la inmersión en la trama, en un argumento que no está mal construido, sino mal interpretado. El propio Elejalde (pues sí, ya tenemos un Bill Murray propio), Bárbara Goenaga (pobrecilla) y, especialmente, el Sr. Vigalondo, que se empeña en aparecer en sus trabajos, tal vez por el miedo a que su sello no sea perceptible desde la mera y pura dirección.
Un guión que, como digo, no estaría mal si no fuese porque se presta a crear un cierto aburrimiento cuando las cosas se repiten una y otra vez, con los mismos planos desde otra perspectiva, y ahí se queda la cosa, ni chicha ni limoná. Lo que comentamos a la salida del cine es que tal vez fuese mejor quitarle minutos al film y dejar un mejor sabor de boca en un espectador que, por lo visto, sale encantado de todas formas. ¿Será que soy muy crítica? No lo sé, o sí que lo sé, pero me molesta que se diga que este tipo de películas salva el cine español porque no es cierto. Porque las ideas nuevas (que no originales) han de ser llevadas a cabo con eficacia, que si no, el esfuerzo es inútil.
Y qué más decir… Pues que de todo este Día de la marmota me quedo con la música de Chucky Namanera (de ahí lo de escuchar, que no oír) y la fotografía de Flavio Labiano, las dos únicas motivaciones de la película. Porque ni siquiera el título funciona: de cronos, unos minutos, pero de crimen no tié ná.

lunes, mayo 12, 2008

AUTOBOMBO

Bueno, bueno, bueno, culebras... ¿Alguno recuerda que hace unos mesecillos estuve en Getafe en un Congreso la mar de interesante? Pues para el que no lo sepa así fue. Y fruto de mi participación allí con una comunicación sobre la figura de Jesucristo en La última tentación de Cristo (Scorsese, 1988) surgió una colaboración con la revista virtual brasileña O Olho da Historia, dirigida por el profesor Jorge Nóvoa, y versando, esta vez, sobre el tratamiento de la figura crística a lo largo de la Historia del Cine.
Pues bien, ya ha sido publicado y por eso os dejo el link, por si os apetece echarle un óculo.

http://oolhodahistoria.org/artigos/CONGRESO-iconografia-jesucristo-maria-argeles.pdf

martes, abril 22, 2008

ACOPIO DE MATERIAL

Lo sé, lo sé. Pero a veces ocurre que los días están faltos de horas cuando las noches cuentan con horas de más que tal vez estén de más.

Son varias las películas vistas en este intervalo, por lo que la reseña será breve y conjunta para no agotar las neuronas del personal que tan amablemente me lee.



Cuatro meses, tres semanas, dos días (Cristian Mungiu, 2007). Qué decir de este inmenso film rumano, hecho con pocos medios pero con un potencial tan abrumador que te arruga el alma hasta extremos inimaginables. Que me encantó, que salí echa polvo pero feliz de poder pensar en la sala cinematográfica, una vez más, aunque siempre a pesar de los desafortunados comentarios de los vecinos de atrás. Su director Cristian Mungiu, se arriesga con una historia poco alejada de lo cotidiano, en principio, pero que te va dejando de piedra según se desarrolla. No os perdáis la escena final, aunque la señora de detrás se quedó de una pieza: “Pero, ¿ya?” Os dejo con la intriga.


Lo mejor de mí (Roser Aguilar, 2007). Otra peli triste, qué se le va a hacer, que me gusta sufrir, por lo visto y lo ya comprobado. En este caso es la opera prima de Roser Aguilar y la chica promete. Con un reparto bien medido (grande Marián Álvarez) y un argumento enternecedor, me sentí atrapada desde el primer instante en este cuento de amor que acaba… No voy a ser malvada, sólo os digo que, de nuevo, el final es lo mejor y no porque sea el fin, precisamente. Es una historia de dos pequeña y preciosa que os recomiendo. Por cierto, que creo adivinar una nueva forma de hacer cine en Cataluña. Atentos a los movimientos de cámara y a la luz azulada que baña las escenas; a mí me remiten a Tu vida en 65 minutos (2006), de la también catalana María Ripoll.



Rebobine, por favor (Michel Gondry, 2007).
Por fin, la película cómica que mi emotividad estaba buscando para descansar un poco las glándulas lacrimales de la tristeza y poner a funcionar las de la carcajada. Los que me seguís desde hace tiempo sabéis que Gondry me gusta especialmente gracias a su poderosa imaginación desbordante, pero es que esta vez se supera al conseguir la risa en cada uno de los fotogramas que componen este homenaje al cine y al formato VHS. Por supuesto, ¡Olvídate de mí! (2004) sigue siendo mi peli favorita del cineasta francés, sin embargo, lo he pasado genial viendo a Jack Black en su salsa, junto con Mos Def y un reparto de secundarios de lujo: Mia Farrow, Sigourney Weaver, Danny Glover… No os la perdáis.


Todos estamos invitados (Manuel Gutiérrez Aragón, 2007). Y por último, la cagada del mes. Siento ser tan explícita, pero es que me da hasta pereza hablar de ella. ¡Qué mala, por Dios! Nada más empezar ya estaba pensando en salirme de la sala, con ese inicio marcado por una música hitchcockiana terrible, pero quise aguantar por ver el trabajo de Jaenada, qué más me hubiera valido irme y seguir teniéndole en estima. ¿Y qué decir de Coronado, con su cara de bífidus permanente? Es que si dijésemos que el guión es bueno, la dirección, la música… yo qué sé. Pero es que no hay nada salvable, salvo el fundido en negro que supone el alivio supremo. En serio, no vayáis a verla, de verdad.

Y esto es todo por hoy. Espero poder actualizar en breve, y con la crítica de un film que aguardo ansiosa como agua de Mayo: Lars y una chica de verdad (Craig Gillespie, 2007).

THE END.

lunes, marzo 03, 2008

DÉJA VU (II Parte)


Sí, esa es la sensación que me ha dejado la última peli de Wes Anderson. Tres hermanos marcados por un padre que se va y por la ausencia de una madre (guapísima Angelica), que deciden reunirse en el lugar más espiritual del mundo para intentar una reconciliación fraternal.
Tras un inicio original titulado Hotel Chevalier nos adentramos en el increíble mundo de la India, a través de su colorido, porque en realidad hay poco más allá de esto (y el funeral del crío) que nos contextualice la trama.
Hay que reconocer que tiene algún punto bueno y destacaría la labor de cámara, errante y anticipada a los movimientos de los personajes; incluso las ralentizaciones cuando los personajes corren una y otra vez en pos del tren. Pero poco más hay que reseñar. Esa es la pura verdad. Que me he reído un poco, pero que me habría gustado más llorar, porque eso significaría que el viaje ha servido para algo más que para esbozar en unos pocos apuntes desdibujados la situación de incomunicación y soledad de los tres hermanos que se sienten abandonados a su suerte tras la desaparición paterna.
Tal vez sea el personaje de Peter (Adrien Brody) el que más me haya gustado; incapaz de perdonarse ante la trágica muerte de su padre, asiste a otro accidente, y se redime con el nacimiento de su hijo.
A modo de conclusión, decir que los cameos famosiles no salvan un film que podría ser bueno si ahondase, escarbase más bien, en los abismos internos de los personajes. ¡Ea!, he dicho.

jueves, febrero 21, 2008

JOHNNY COGIÓ SUS CUCHILLAS

Como si de un nuevo Nosferatu se tratase, sediento esta vez de venganza y, por qué no, de cuellos y sangre que se derrama dejando a su paso reflejos fosforescentes. Así nos presenta Tim Burton al barbero diabólico de la calle Fleet, embarcado en un velero y embriagado por una rabia acumulada durante quince años.
Sweeney Todd es la arriesgada adaptación del musical homónimo de Stephen Sondheim que, a su vez, retoma la historia de Thomas Peckett (1846). Y digo arriesgada porque es de sobra conocida la fama que persigue al realizador y que le acusa de no saber contar historias y quedarse en lo pura y estrictamente formal. Pues bien, en este caso puede parecer que la falacia se hace realidad (como podéis observar, no estoy de acuerdo en absoluto con esta afirmación, hablando de la mayoría de su trabajo, que no todo).
No descubro América si afirmo que los musicales no son materia fácil para nadie y que hacen huir de las salas hasta a los más intrépidos espectadores (no es mi caso porque me encantan). Pero al tratarse de la obra de un cineasta como Burton uno ya se puede esperar mucho más: siempre le quedarán los magníficos personajes interpretados por esos actores fetiche que tantas alegrías le dan y que se desenvuelven con soltura en el arte del cante, esos decorados alucinantes que hacen que el Londres decimonónico inquiete el alma, los efectos especiales que traspasan la pantalla y empapan de sangre...
He de decir que le encuentro muchas cosas buenas y alguna que otra no tan buena (o mala, si preferís. Me cuesta decir esto...): Johnny Depp es la más buena de todas. Esta vez se merece el Oscar, no sólo por esta maravillosa interpretación atormentada, si no por toda una carrera magnífica. Pero no se lo darán... o sí! Los demás actores están muy bien, quizás los peores sean los jóvenes y tal vez sea debido a que sus papeles son los más ñoños y pastelones. Y los veteranos, como Alan Rikman y Timothy Spall (mi descubrimiento del día) están excelentes, como siempre.
Vayamos a lo malo: a menudo se hace lenta, muy lenta, pero es algo normal que se debe a los números musicales. No creo que sea algo fácil de evitar y sucede con obras maestras como West Side Story, así que... También hay algún abuso por repetición, como el precisoso encuadre de Sweeney con la ventana abuardillada de fondo que, cuando está con las cuchillas alzadas, recuerda al adorable Edward (también los créditos me trasladaron a la historia del ser con tijeras en vez de manos); o las caídas de los cadáveres por la trampilla, que se suceden muerte tras muerte...
Bueno, me parece que me estoy excediendo y seguro que me olvido de muchas cosas. Ahora os toca a vosotros discrepar.

jueves, febrero 14, 2008

NO COUNTRY FOR OLD MEN

Con una escena que para mí es de lo mejorcito de la película. Así comienza la cacería que nos han preparado los Coen, mezclando un poquito de cada género para trasladar el libro de Corman McCarthy a la gran pantalla (¿pero eso sigue existiendo?). Quiero empezar este breve reseña con los actores, que están sobresalientes a lo largo de todo el film, destacando Josh Brolin, que parece que empieza a escoger buenos papeles. Bardem da verdadero miedo en ocasiones, con esa pinta de psicópata que más sabe por diablo que por viejo. No sé si le otorgarán el Oscar al Mejor Actor de Reparto, pero su actuación nos devuelve al Bardem en estado puro que tanto me gusta (y es que su físico le condiciona, y eso debería saberlo - véase Mar adentro, 2004).

Lo que más me ha gustado es la excelente fotografía de Roger Deakins que nos traspasa al salvaje oeste, aunque nada más empezar la película se me ocurre la comparación con La caza (Carlos Saura, 1966) y reafirmo mi impresión de que, en ocasiones, el blanco y negro puede traspasar la pantalla y recrear el sol de pleno, el agobio y la asfixiante sensación de estar asistiendo a una cacería humana mejor que todos los colores del arco iris.

Sin embargo, el preciosismo de esos clarosocuros tan bien escogidos me deja embobada.

Me gusta la mezcla de géneros (nunca me ha parecido que haya nada que reprochar), me gusta el estilo bronco de la imagen y de la historia, me gusta el reparto y su labor… En general salí del cine con buen sabor de boca quitando un par de diálogos de relleno y algún tiempo muerto, no obstante un poco molesta por una escena más que previsible que no debería desvelar ocultándome en un spoiler. Y aquí sí que coincidimos, querido Iban. Y es que Bukowski tenía razón.


sábado, enero 12, 2008

EMIGRO


El viento ha cambiado de rumbo y la veleta ya se mueve al compás, marcando el sentido del viaje que se antoja corto. Poco tiempo es pasar seis horas en un tren si eso supone el inicio de una nueva etapa que asoma la patita por debajo de la puerta y no muestra trazas de lobo.
Me espera un trabajo en una ciudad que no deja de ser nueva aunque cada vez ansíe más volver. La posibilidad de ampliar la siempre escasa formación (nunca es suficiente cuando de cultura se habla). La actividad frenética que me impide estar quieta un solo instante, que me lleva de la mano en un viaje alucinante por un tiempo que se aprovecha mejor cuanto más horas se tengan ocupadas en las más variadas actividades.
Y Enrique Bunbury se convierte, una vez más, en el bardo de mis emociones. Os queria dejar con una de las canciones que más me gusta del disco que le salió perfecto, El extranjero, pero no se deja coger. En cuanto pueda os la pongo, que merece la pena.
Chicos, me marcho becada a Madrid y todavía no me lo creo. Ahora estaré más lejos de unos y más cerca de otros. Pero os quiero igual.

jueves, enero 10, 2008

ARTURO BALTAR



Ya iba siendo hora de que su ciudad natal le rindiese un más que merecido homenaje, pues Arturo Baltar es uno de los máximos exponentes del arte ourensano y gallego por extensión. La exposición de su belén es una de las citas ineludibles en nuestra Navidad y son muchos los que, como yo, recuerdan el paso, año tras año, por la iglesia de los santos Cosme y Damián para admirar las hermosas figuritas que nada tienen que envidiar a las que protagonizan los belenes napolitanas. Pero esta exposición va más allá.
El barro concibe las formas más expresionistas en las manos del artesano (este calificativo está colocado con la máxima consciencia y no se debe entender como un descalificativo en la línea del debate renacentista artista – artesano). Sus escenas de género muestran realidades pasadas protagonizadas por seres de rostros redondos que lejos de ser iguales, como puede parecer a simple vista, muestran expresiones muy diversas. Los colores pastel dotan a dichas escenas de un aura mágica que hace que el espectador quiera asomarse una y otra vez a la ventanita por la que espiamos la tertulia de los cafés o la partida de cartas que juegan los vecinos en la rebotica del farmacéutico. Hay que decir que el montaje de la exposición es muy bueno, con los claroscuros que invitan al voyeurismo dentro de las cajas que salvaguardan y trampantojan los momentos condensados en un instante.
Completan la muestra una serie de pequeñas figuras y bajorrelieves que dan idea de la gran influencia goyesca que se puede apreciar en toda la obra de Baltar.
No quiero terminar sin incluir un breve fragmento del hermoso texto escrito por José Paz para el folleto de la exposición:
“Baltar, o escultor, o bo como diría o outro, é ese neno grande e presumido ao que desde sempre lle apaixonaron as flores, por iso fixo da súa vida un xardín marabilloso. Miúdo, introvertido, melancólico, un ser enamoradizo para quen o verdadeiro amor é aquel que non é correspondido. Os ollos tórnanselle vidrosos ao rememorar como nace o amor, como todo múdase nun efecto máxico que transforma a realidade. “O amor correspondido é outra cosa.”Acudir a el é como iniciarse nunca viaxe sen fin cara ao interior, como facer un pacto co tempo para aproximarse á esencia da beleza que nos evoca esa Galicia soñada e idealizada que esmorece a favor de un movemento desmedido.”
Me causa gran alegría que el homenaje se le haga en vida porque no hay por qué esperar a que falten para aplaudirles. Para Jaime Quessada ya es demasiado tarde (la segunda imágen es obra suya).

AMERICAN GANGSTER





Los polos opuestos se atraen. Esa es la clave de la última película de Ridley Scott. El hermano mayor de Tony parte de una historia real para llevar a la pantalla una trama violenta, en su línea, pero con moraleja detrás.
Dos hombres, dos morales. Siguiendo la senda abierta por Francis Ford Coppola, Scott nos muestra el ascenso al poder de Frank Lucas, un afroamericano que ascendió a lo más alto dentro de la mafia de las drogas. El mejor producto al mejor precio en la coyuntura de una sociedad desestructurada por una guerra estúpida (¿cuál no lo es?) que sólo aportaba muerte y adicción era el contexto ideal para este hombre amoral pero eficiente y profesional.
En el otro lado Richie Roberts, un bicho raro dentro del cuerpo policial del New York setentero, bien recreado, por cierto. Con una vida familiar fracasada pone todas sus energías en el trabajo y en su deber como policía, lo que le vale granjearse la enemistad de sus colegas corruptos y las burlas de todos.
Los dos se complementan a la perfección porque en el fondo son iguales. Cada uno hace su trabajo lo mejor que puede, y no dudan en sacrificar a su familia para que todo salga bien. Por eso acaban entendiéndose.
La película tiene buenos momentos trepidantes y otros tantos que recuerdan a la saga de El padrino, parte de lo cual se podría haber eliminado para evitar odiosas comparaciones ya que no supondría ningún problema porque el pero es que se hace un poco larga.
Washington y Crowe están muy bien en sus roles y la pena es que el duelo interpretativo se demore tanto y sólo dé para unos breves minutos con poca chicha. Quizás sea eso lo que le falte para ser un film redondo, un cara a cara menos diplomático. En cualquier caso es un film interesante y recomendable.

viernes, diciembre 21, 2007

WEST SIDE STORY




Como siempre, asistir a la proyección de un musical, clásico donde los haya, supone un placer para mí. Tal vez haya quien considere este género como algo demasiado dulzón o amanerado, pero lo cierto es que cualquier aficionado a la buena música y al baile debería disfrutar al máximo con películas como West Side Story (Robert Wise y Jerome Robbins, 1961).
Pero en este caso he de admitir que gracias a que el film está sabiamente compensado (al cincuenta por ciento entre historia de amor realmente empalagosa y magníficos bailes y coreografías) no se hacen pesados los 155 minutos que dura. Y es que Tony y María ponen demasiado almíbar en una historia de bandas, de chicos malos que no tienen más que hacer que estar todo el día en la calle peleándose por lograr una supremacía que de nada sirve y que sólo pone de manifiesto prejuicios raciales y sociales. He aquí el trasfondo moralizante de la película, unido al hecho de que el amor puede romper todas las barreras: un Romeo y una Julieta maleados por las malas compañías y la desilusión del sueño americano o quizás un Jesús (que aboga por el amor incondicional y la tolerancia en todo momento) y una María Magdalena de amor imposible (véase la piedad del final o que estoy sobre interpretando por la deformación profesional, que todo puede ser).
Pese a todo, lo mejor son los números de baile, aunque mejor sería calificarlos de gimnásticos a la luz de las piruetas y saltos de los personajes masculinos, protagonistas indiscutibles de la cinta (aunque debo destacar a la esplendida Rita Moreno, con una gran actuacion). La música de Leonard Bernstein en realmente buena, si acaso peca en algunos momentos de caótica llegando a la cacofonía en momentos como cuando se interpreta Tonight a cinco voces (sí, a los genios también les puede pasar alguna vez, en otro caso serían pequeños dioses). Pero todo se le perdona al escuchar joyas como esta maravilla con la que me auto agasajo en esta época de regalos.
¡Feliz Navidad a todos!


martes, diciembre 18, 2007

EL ARCA RUSA




Aleksandr Sokurov siempre consigue dejarme con la boca abierta. En este caso con la alucinante El arca rusa (2002), un trabajo realmente sorprendente debido, principalmente, a la labor técnica, dado que los casi 100 minutos de película están rodados en un plano secuencia que nos introduce literalmente en la historia de Rusia de los últimos siglos.
Me parece incríble que el cineasta consiga a la cuarta intentona no cortar ni una sola vez y que el gran número de extras moviéndose por la estancias y salas del Hermitage no desentone.
Un extraño europeo nos va guiando por las salas y por la historia rusa, a la par que habla con alguien que parece ser un espíritu y que podría ser el propio pueblo ruso que dialoga con Europa y que acaba por dejarla marchar, tras comprobar su desprecio por la cultura rusa (para ella es imposible que haya buenos artistas rusos, la primera elección es que el pintor o músico de turno sea foráneo).
El museo es impresionante, al igual que los lienzos allí colgados (aunque se llega a comparar a El Greco con Rembrandt (?), y la recreación de la mazurca bailada por un gran número de danzarines es relamente hermosa.
Ya lo dije en su momento al hacer la reseña de Madre e hijo, y lo reitero: Sokurov es un cineasta a tener en cuenta.

miércoles, diciembre 05, 2007

NEW YORK, NEW YORK




Nuevo ciclo titulado Nueva York en el cine. Las películas escogidas en esta ocasión hacen un recorrido por las distintas visiones cinéfilas de la gran ciudad: King Kong (Merian C. Cooper y Ernest B. Shoedsack, 1933), Un día en Nueva York (Stanley Donen y Gene Kelly, 1949), La ley del silencio (Elia Kazan, 1951), West Side Story (Robert Wise y Jerome Robbins, 1961), Desayuno con diamantes (Blake Edwards, 1961), Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976), Manhattan (Woody Allen, 1979), Érase una vez en América (Sergio Leone, 1984), Kids (Larry Clark, 1995) y 11´09´´ 01 - 11 de Septiembre (2002).
Y no es mal comienzo el empezar con la primera versión de la historia del simio gigante, ¡la Octava Maravilla del mundo!, realmente conseguida y que refuerza mi admiración por los grandes artesanos de los efectos especiales (en este caso Willis O´Brien, pero también otros como el siempre infravalorado George de Méliès o Ray Harryhausen).
La ternura que me inspiran este tipo de films es infinita. Me encanta la exagerada gestualidad todavía tan cercana del cine silente, la técnica de stop - motion que no logra ser superada por los efectos digitales de hoy en día (si me dan a escoger, siempre me quedaré con este tipo de efectos especiales. Será porque también me gusta más el arte de los siglos XV - XVII que las videocreaciones)...
Cada vez que acudo a una de estas sesiones rituales de recuperación del mejor cine me sorprendo de lo interesante que sería hacer un estudio sociológico en base a las reacciones de los espectadoras allí presentes (pero la mayoría son mujeres de edad avanzada, quizás por eso no sería un estudio demasiado válido). Me alucina ver cómo son capaces de troncharse cuando el gran Kong se merienda a varios personajes que pasaban por allí, como quien no quiere la cosa. Se trata de ese tipo de respuesta que no consigo entender. Realmente me parece sorprendente. Supongo que si el mono y los humanos fuesen reales no se reirían así (o eso espero).
En fin...

lunes, diciembre 03, 2007

LA TORTURA

Ayer por la noche me frotaba las manos complacida por el estreno televisivo de El perfume (Tom Tykwer, 2006), sólo un año después de que me la perdiera en las carteleras. No he leído el libro y por eso estaba bastante expectante. Hoy creo que ni el libro me voy a leer (es algo que suelo hacer: ver primero las adaptaciones cinematográficas y luego leerme las obras. No preguntéis por qué, pero es un reto para la imaginación).
¡Qué desastre! Mientras los que me acompañaban cogían un libro para no morir en el intento o se iban a dormir directamente, yo aguantaba estoicamente y le robaba horas al sueño hasta que la rabia se apoderó de mí y abandoné a poco del final.
Desde el inicio ya hay algo que molesta. Tal vez el manido topicazo de la sociedad francesa del XVIII, con esas pelucas que conspiran y retozan con amantes de todo tipo, tal vez la mala resolución actoral de todos los intérpretes, empezando por el propio Dustin Hoffman y pasando por el protagonista (Ben Whishaw), una especie de perro buscatrufas que no aporta nada al film.
El trabajo del director tampoco es elogiable, sin embargo destacaría su labor como compositor de la banda sonora, lo único reseñable (creo que fue lo que me hizo aguantar tanto ante el televisor).
Lo más patético, ese momento de "presencia angelical" e instigadora de la orgía (obispo incluído) ante el cadalso. Sin palabras.
Películas como ésta sobran, aunque sean adaptaciones de best-sellers (véase Alatriste), y suponen un insulto para la inteligencia del espectador.
He dicho.

jueves, noviembre 29, 2007

ES MÁS QUE AMOR (POR LA MÚSICA)






¡Qué buen plan para despedirme de mi tierra! (Y eso que regresaré en breve, tal vez incluso antes de lo que yo misma creo).
Música para la marcha, música para volver. Y qué mejor que Fados y el musical Jesucristo Superstar (¡por fin!).
La última película de Carlos Saura no prometía nada que no nos hubiese mostrado antes en sus películas musicales. Los mismos paneles de translúcidos colores, las sombras, la cálida luz dorada que inunda todas y cada una de las imágenes... Sin embargo, en esta ocasión todo es diferente. Tal vez sea por el fado, que tiene algo que atrapa y no te deja marchar jamás. Tal vez sea porque mi sensibilidad está próxima a este sentir que habla de saudade cuando yo siento morriña. No lo sé, pero el caso es que cuando salí del cine (patética sala 5 de los Renoir Plaza de España. No me hagáis hablar...), sentía que me había sabido a poco, que quería más Mariza, más Caetano, más homenajes a Amalia Rodrigues, más Lila.
Qué decir de ese duelo desgarrado en la Casa de Fados, de esos bailes... Nada más, que hay que verla.
Y por fin, después de mucha tribulación, pude conteplar con estos ojitos el musical más esperado por mí desde siempre. Un Jesucristo Superstar actualizado que me tentaba, pero que me hacía dudar por las posibles comparaciones. Gracias a quien ya sabe pude ir, y no me arrepiento.
Miquel Fernández es un buen cantante y actor, así que su interpretación no desmerece el proyecto en el que está embarcado; sin embargo, el elenco que le acompaña deja que desear. Eva María Cortés no emociona lo mismo que Ángela Carrasco y el televisivo Paco Arrojo interpreta a un Judas chillón (esta palabra siempre me pareció horrible) que hace que una se acuerde de Teddy Bautista durante toda la representación.
El montaje no es malo, y alcanza cotas de espectacularidad en la segunda parte, con la aparición de un Herodes histriónico acompañado de la banda que toca en riguroso directo, o con la venida desde la ultratumba de Judas y su troupe recién sacada de Factor X. O con el final, totalmente austero pero conmovedor en esa recreación lograda del Cristo de San Juan de la Cruz que tan bien pintó Dalí. Tal vez le pondría pegas al vestuario, recién comprado en el cercano Rastro y poco representativo de la sociedad actual (tal vez de una parte de la juventud sí, pero eso no llega).
Lo peor de todo es la modificación de la totalidad del libreto porque es imposible concentrarse cuando la letra original te viene a la cabeza una y otra vez con la voz del inconmensurable Camilo. ¿Por qué cambiarla? Ese es el fallo.
Lo mejor, los graves de Abel García (¡qué grande!).
Y yo sigo pensando que el impacto de esta obra (y me refiero a la película de Norman Jewison) tuvo que ser impresionante en pleno 1973, con los vaqueros, las camisetas de Superman, los fusiles, cascos... y ese Judas tan negro por dentro como por fuera. Eso sí que era arriegarse.

martes, noviembre 20, 2007

COMO LÁGRIMAS EN LA LLUVIA...





¿Soñaremos algún día con ovejas eléctricas? El 2019 no nos queda ya tan lejano y parece mentira que hace 25 años (el 82 fue un gran año sin duda) ya se nos estuviese avisando de ciertas cosas que en breve veremos. A veces da miedo ver esos robots tan semejantes a sus creadores, y me da por pensar que el hombre se considera un pequeño dios que crea a su imagen y semejanza.
Blade Runner: The Final Cut merece la pena. Por mostrarnos de nuevo estas futuribles realidades, por hacernos conscientes de ello, por hacerlo de la mejor manera posible, por deleitarnos una vez más con la música de Vangelis... Por hacernos soñar que el amor no conoce fronteras y mostrarnos que puede saltar todas las barreras, aunque sepamos que pocas veces sucede así.

lunes, noviembre 19, 2007

SIEMPRE ES LA MISMA FUNCIÓN...


No lo puedo evitar. Cada vez que veo Mystic River (Clint Eastwood, 2003) algo se muere en mi interior. Un retrato brutal de una sociedad que no lo es menos... Hace daño.
La voz de Enrique Bunbury complementa esta película a la perfección.
No hace falta añadir más.

jueves, noviembre 15, 2007

¿QUÉ ES EL ARTE? MORIRTE DE FRÍO








Parece que en estos fríos días he vuelto a mis orígenes y me estoy empapando de las otras Seis Artes a más no poder. Madrid ofrece una actividad cultural que me apasiona y hace que no pare quieta un instante. Aquí os dejo una muestra y os pongo los dientes largos.
En breve más de Cine (eso siempre).