martes, abril 22, 2008

ACOPIO DE MATERIAL

Lo sé, lo sé. Pero a veces ocurre que los días están faltos de horas cuando las noches cuentan con horas de más que tal vez estén de más.

Son varias las películas vistas en este intervalo, por lo que la reseña será breve y conjunta para no agotar las neuronas del personal que tan amablemente me lee.



Cuatro meses, tres semanas, dos días (Cristian Mungiu, 2007). Qué decir de este inmenso film rumano, hecho con pocos medios pero con un potencial tan abrumador que te arruga el alma hasta extremos inimaginables. Que me encantó, que salí echa polvo pero feliz de poder pensar en la sala cinematográfica, una vez más, aunque siempre a pesar de los desafortunados comentarios de los vecinos de atrás. Su director Cristian Mungiu, se arriesga con una historia poco alejada de lo cotidiano, en principio, pero que te va dejando de piedra según se desarrolla. No os perdáis la escena final, aunque la señora de detrás se quedó de una pieza: “Pero, ¿ya?” Os dejo con la intriga.


Lo mejor de mí (Roser Aguilar, 2007). Otra peli triste, qué se le va a hacer, que me gusta sufrir, por lo visto y lo ya comprobado. En este caso es la opera prima de Roser Aguilar y la chica promete. Con un reparto bien medido (grande Marián Álvarez) y un argumento enternecedor, me sentí atrapada desde el primer instante en este cuento de amor que acaba… No voy a ser malvada, sólo os digo que, de nuevo, el final es lo mejor y no porque sea el fin, precisamente. Es una historia de dos pequeña y preciosa que os recomiendo. Por cierto, que creo adivinar una nueva forma de hacer cine en Cataluña. Atentos a los movimientos de cámara y a la luz azulada que baña las escenas; a mí me remiten a Tu vida en 65 minutos (2006), de la también catalana María Ripoll.



Rebobine, por favor (Michel Gondry, 2007).
Por fin, la película cómica que mi emotividad estaba buscando para descansar un poco las glándulas lacrimales de la tristeza y poner a funcionar las de la carcajada. Los que me seguís desde hace tiempo sabéis que Gondry me gusta especialmente gracias a su poderosa imaginación desbordante, pero es que esta vez se supera al conseguir la risa en cada uno de los fotogramas que componen este homenaje al cine y al formato VHS. Por supuesto, ¡Olvídate de mí! (2004) sigue siendo mi peli favorita del cineasta francés, sin embargo, lo he pasado genial viendo a Jack Black en su salsa, junto con Mos Def y un reparto de secundarios de lujo: Mia Farrow, Sigourney Weaver, Danny Glover… No os la perdáis.


Todos estamos invitados (Manuel Gutiérrez Aragón, 2007). Y por último, la cagada del mes. Siento ser tan explícita, pero es que me da hasta pereza hablar de ella. ¡Qué mala, por Dios! Nada más empezar ya estaba pensando en salirme de la sala, con ese inicio marcado por una música hitchcockiana terrible, pero quise aguantar por ver el trabajo de Jaenada, qué más me hubiera valido irme y seguir teniéndole en estima. ¿Y qué decir de Coronado, con su cara de bífidus permanente? Es que si dijésemos que el guión es bueno, la dirección, la música… yo qué sé. Pero es que no hay nada salvable, salvo el fundido en negro que supone el alivio supremo. En serio, no vayáis a verla, de verdad.

Y esto es todo por hoy. Espero poder actualizar en breve, y con la crítica de un film que aguardo ansiosa como agua de Mayo: Lars y una chica de verdad (Craig Gillespie, 2007).

THE END.

lunes, marzo 03, 2008

DÉJA VU (II Parte)


Sí, esa es la sensación que me ha dejado la última peli de Wes Anderson. Tres hermanos marcados por un padre que se va y por la ausencia de una madre (guapísima Angelica), que deciden reunirse en el lugar más espiritual del mundo para intentar una reconciliación fraternal.
Tras un inicio original titulado Hotel Chevalier nos adentramos en el increíble mundo de la India, a través de su colorido, porque en realidad hay poco más allá de esto (y el funeral del crío) que nos contextualice la trama.
Hay que reconocer que tiene algún punto bueno y destacaría la labor de cámara, errante y anticipada a los movimientos de los personajes; incluso las ralentizaciones cuando los personajes corren una y otra vez en pos del tren. Pero poco más hay que reseñar. Esa es la pura verdad. Que me he reído un poco, pero que me habría gustado más llorar, porque eso significaría que el viaje ha servido para algo más que para esbozar en unos pocos apuntes desdibujados la situación de incomunicación y soledad de los tres hermanos que se sienten abandonados a su suerte tras la desaparición paterna.
Tal vez sea el personaje de Peter (Adrien Brody) el que más me haya gustado; incapaz de perdonarse ante la trágica muerte de su padre, asiste a otro accidente, y se redime con el nacimiento de su hijo.
A modo de conclusión, decir que los cameos famosiles no salvan un film que podría ser bueno si ahondase, escarbase más bien, en los abismos internos de los personajes. ¡Ea!, he dicho.

jueves, febrero 21, 2008

JOHNNY COGIÓ SUS CUCHILLAS

Como si de un nuevo Nosferatu se tratase, sediento esta vez de venganza y, por qué no, de cuellos y sangre que se derrama dejando a su paso reflejos fosforescentes. Así nos presenta Tim Burton al barbero diabólico de la calle Fleet, embarcado en un velero y embriagado por una rabia acumulada durante quince años.
Sweeney Todd es la arriesgada adaptación del musical homónimo de Stephen Sondheim que, a su vez, retoma la historia de Thomas Peckett (1846). Y digo arriesgada porque es de sobra conocida la fama que persigue al realizador y que le acusa de no saber contar historias y quedarse en lo pura y estrictamente formal. Pues bien, en este caso puede parecer que la falacia se hace realidad (como podéis observar, no estoy de acuerdo en absoluto con esta afirmación, hablando de la mayoría de su trabajo, que no todo).
No descubro América si afirmo que los musicales no son materia fácil para nadie y que hacen huir de las salas hasta a los más intrépidos espectadores (no es mi caso porque me encantan). Pero al tratarse de la obra de un cineasta como Burton uno ya se puede esperar mucho más: siempre le quedarán los magníficos personajes interpretados por esos actores fetiche que tantas alegrías le dan y que se desenvuelven con soltura en el arte del cante, esos decorados alucinantes que hacen que el Londres decimonónico inquiete el alma, los efectos especiales que traspasan la pantalla y empapan de sangre...
He de decir que le encuentro muchas cosas buenas y alguna que otra no tan buena (o mala, si preferís. Me cuesta decir esto...): Johnny Depp es la más buena de todas. Esta vez se merece el Oscar, no sólo por esta maravillosa interpretación atormentada, si no por toda una carrera magnífica. Pero no se lo darán... o sí! Los demás actores están muy bien, quizás los peores sean los jóvenes y tal vez sea debido a que sus papeles son los más ñoños y pastelones. Y los veteranos, como Alan Rikman y Timothy Spall (mi descubrimiento del día) están excelentes, como siempre.
Vayamos a lo malo: a menudo se hace lenta, muy lenta, pero es algo normal que se debe a los números musicales. No creo que sea algo fácil de evitar y sucede con obras maestras como West Side Story, así que... También hay algún abuso por repetición, como el precisoso encuadre de Sweeney con la ventana abuardillada de fondo que, cuando está con las cuchillas alzadas, recuerda al adorable Edward (también los créditos me trasladaron a la historia del ser con tijeras en vez de manos); o las caídas de los cadáveres por la trampilla, que se suceden muerte tras muerte...
Bueno, me parece que me estoy excediendo y seguro que me olvido de muchas cosas. Ahora os toca a vosotros discrepar.

jueves, febrero 14, 2008

NO COUNTRY FOR OLD MEN

Con una escena que para mí es de lo mejorcito de la película. Así comienza la cacería que nos han preparado los Coen, mezclando un poquito de cada género para trasladar el libro de Corman McCarthy a la gran pantalla (¿pero eso sigue existiendo?). Quiero empezar este breve reseña con los actores, que están sobresalientes a lo largo de todo el film, destacando Josh Brolin, que parece que empieza a escoger buenos papeles. Bardem da verdadero miedo en ocasiones, con esa pinta de psicópata que más sabe por diablo que por viejo. No sé si le otorgarán el Oscar al Mejor Actor de Reparto, pero su actuación nos devuelve al Bardem en estado puro que tanto me gusta (y es que su físico le condiciona, y eso debería saberlo - véase Mar adentro, 2004).

Lo que más me ha gustado es la excelente fotografía de Roger Deakins que nos traspasa al salvaje oeste, aunque nada más empezar la película se me ocurre la comparación con La caza (Carlos Saura, 1966) y reafirmo mi impresión de que, en ocasiones, el blanco y negro puede traspasar la pantalla y recrear el sol de pleno, el agobio y la asfixiante sensación de estar asistiendo a una cacería humana mejor que todos los colores del arco iris.

Sin embargo, el preciosismo de esos clarosocuros tan bien escogidos me deja embobada.

Me gusta la mezcla de géneros (nunca me ha parecido que haya nada que reprochar), me gusta el estilo bronco de la imagen y de la historia, me gusta el reparto y su labor… En general salí del cine con buen sabor de boca quitando un par de diálogos de relleno y algún tiempo muerto, no obstante un poco molesta por una escena más que previsible que no debería desvelar ocultándome en un spoiler. Y aquí sí que coincidimos, querido Iban. Y es que Bukowski tenía razón.


sábado, enero 12, 2008

EMIGRO


El viento ha cambiado de rumbo y la veleta ya se mueve al compás, marcando el sentido del viaje que se antoja corto. Poco tiempo es pasar seis horas en un tren si eso supone el inicio de una nueva etapa que asoma la patita por debajo de la puerta y no muestra trazas de lobo.
Me espera un trabajo en una ciudad que no deja de ser nueva aunque cada vez ansíe más volver. La posibilidad de ampliar la siempre escasa formación (nunca es suficiente cuando de cultura se habla). La actividad frenética que me impide estar quieta un solo instante, que me lleva de la mano en un viaje alucinante por un tiempo que se aprovecha mejor cuanto más horas se tengan ocupadas en las más variadas actividades.
Y Enrique Bunbury se convierte, una vez más, en el bardo de mis emociones. Os queria dejar con una de las canciones que más me gusta del disco que le salió perfecto, El extranjero, pero no se deja coger. En cuanto pueda os la pongo, que merece la pena.
Chicos, me marcho becada a Madrid y todavía no me lo creo. Ahora estaré más lejos de unos y más cerca de otros. Pero os quiero igual.

jueves, enero 10, 2008

ARTURO BALTAR



Ya iba siendo hora de que su ciudad natal le rindiese un más que merecido homenaje, pues Arturo Baltar es uno de los máximos exponentes del arte ourensano y gallego por extensión. La exposición de su belén es una de las citas ineludibles en nuestra Navidad y son muchos los que, como yo, recuerdan el paso, año tras año, por la iglesia de los santos Cosme y Damián para admirar las hermosas figuritas que nada tienen que envidiar a las que protagonizan los belenes napolitanas. Pero esta exposición va más allá.
El barro concibe las formas más expresionistas en las manos del artesano (este calificativo está colocado con la máxima consciencia y no se debe entender como un descalificativo en la línea del debate renacentista artista – artesano). Sus escenas de género muestran realidades pasadas protagonizadas por seres de rostros redondos que lejos de ser iguales, como puede parecer a simple vista, muestran expresiones muy diversas. Los colores pastel dotan a dichas escenas de un aura mágica que hace que el espectador quiera asomarse una y otra vez a la ventanita por la que espiamos la tertulia de los cafés o la partida de cartas que juegan los vecinos en la rebotica del farmacéutico. Hay que decir que el montaje de la exposición es muy bueno, con los claroscuros que invitan al voyeurismo dentro de las cajas que salvaguardan y trampantojan los momentos condensados en un instante.
Completan la muestra una serie de pequeñas figuras y bajorrelieves que dan idea de la gran influencia goyesca que se puede apreciar en toda la obra de Baltar.
No quiero terminar sin incluir un breve fragmento del hermoso texto escrito por José Paz para el folleto de la exposición:
“Baltar, o escultor, o bo como diría o outro, é ese neno grande e presumido ao que desde sempre lle apaixonaron as flores, por iso fixo da súa vida un xardín marabilloso. Miúdo, introvertido, melancólico, un ser enamoradizo para quen o verdadeiro amor é aquel que non é correspondido. Os ollos tórnanselle vidrosos ao rememorar como nace o amor, como todo múdase nun efecto máxico que transforma a realidade. “O amor correspondido é outra cosa.”Acudir a el é como iniciarse nunca viaxe sen fin cara ao interior, como facer un pacto co tempo para aproximarse á esencia da beleza que nos evoca esa Galicia soñada e idealizada que esmorece a favor de un movemento desmedido.”
Me causa gran alegría que el homenaje se le haga en vida porque no hay por qué esperar a que falten para aplaudirles. Para Jaime Quessada ya es demasiado tarde (la segunda imágen es obra suya).

AMERICAN GANGSTER





Los polos opuestos se atraen. Esa es la clave de la última película de Ridley Scott. El hermano mayor de Tony parte de una historia real para llevar a la pantalla una trama violenta, en su línea, pero con moraleja detrás.
Dos hombres, dos morales. Siguiendo la senda abierta por Francis Ford Coppola, Scott nos muestra el ascenso al poder de Frank Lucas, un afroamericano que ascendió a lo más alto dentro de la mafia de las drogas. El mejor producto al mejor precio en la coyuntura de una sociedad desestructurada por una guerra estúpida (¿cuál no lo es?) que sólo aportaba muerte y adicción era el contexto ideal para este hombre amoral pero eficiente y profesional.
En el otro lado Richie Roberts, un bicho raro dentro del cuerpo policial del New York setentero, bien recreado, por cierto. Con una vida familiar fracasada pone todas sus energías en el trabajo y en su deber como policía, lo que le vale granjearse la enemistad de sus colegas corruptos y las burlas de todos.
Los dos se complementan a la perfección porque en el fondo son iguales. Cada uno hace su trabajo lo mejor que puede, y no dudan en sacrificar a su familia para que todo salga bien. Por eso acaban entendiéndose.
La película tiene buenos momentos trepidantes y otros tantos que recuerdan a la saga de El padrino, parte de lo cual se podría haber eliminado para evitar odiosas comparaciones ya que no supondría ningún problema porque el pero es que se hace un poco larga.
Washington y Crowe están muy bien en sus roles y la pena es que el duelo interpretativo se demore tanto y sólo dé para unos breves minutos con poca chicha. Quizás sea eso lo que le falte para ser un film redondo, un cara a cara menos diplomático. En cualquier caso es un film interesante y recomendable.

viernes, diciembre 21, 2007

WEST SIDE STORY




Como siempre, asistir a la proyección de un musical, clásico donde los haya, supone un placer para mí. Tal vez haya quien considere este género como algo demasiado dulzón o amanerado, pero lo cierto es que cualquier aficionado a la buena música y al baile debería disfrutar al máximo con películas como West Side Story (Robert Wise y Jerome Robbins, 1961).
Pero en este caso he de admitir que gracias a que el film está sabiamente compensado (al cincuenta por ciento entre historia de amor realmente empalagosa y magníficos bailes y coreografías) no se hacen pesados los 155 minutos que dura. Y es que Tony y María ponen demasiado almíbar en una historia de bandas, de chicos malos que no tienen más que hacer que estar todo el día en la calle peleándose por lograr una supremacía que de nada sirve y que sólo pone de manifiesto prejuicios raciales y sociales. He aquí el trasfondo moralizante de la película, unido al hecho de que el amor puede romper todas las barreras: un Romeo y una Julieta maleados por las malas compañías y la desilusión del sueño americano o quizás un Jesús (que aboga por el amor incondicional y la tolerancia en todo momento) y una María Magdalena de amor imposible (véase la piedad del final o que estoy sobre interpretando por la deformación profesional, que todo puede ser).
Pese a todo, lo mejor son los números de baile, aunque mejor sería calificarlos de gimnásticos a la luz de las piruetas y saltos de los personajes masculinos, protagonistas indiscutibles de la cinta (aunque debo destacar a la esplendida Rita Moreno, con una gran actuacion). La música de Leonard Bernstein en realmente buena, si acaso peca en algunos momentos de caótica llegando a la cacofonía en momentos como cuando se interpreta Tonight a cinco voces (sí, a los genios también les puede pasar alguna vez, en otro caso serían pequeños dioses). Pero todo se le perdona al escuchar joyas como esta maravilla con la que me auto agasajo en esta época de regalos.
¡Feliz Navidad a todos!


martes, diciembre 18, 2007

EL ARCA RUSA




Aleksandr Sokurov siempre consigue dejarme con la boca abierta. En este caso con la alucinante El arca rusa (2002), un trabajo realmente sorprendente debido, principalmente, a la labor técnica, dado que los casi 100 minutos de película están rodados en un plano secuencia que nos introduce literalmente en la historia de Rusia de los últimos siglos.
Me parece incríble que el cineasta consiga a la cuarta intentona no cortar ni una sola vez y que el gran número de extras moviéndose por la estancias y salas del Hermitage no desentone.
Un extraño europeo nos va guiando por las salas y por la historia rusa, a la par que habla con alguien que parece ser un espíritu y que podría ser el propio pueblo ruso que dialoga con Europa y que acaba por dejarla marchar, tras comprobar su desprecio por la cultura rusa (para ella es imposible que haya buenos artistas rusos, la primera elección es que el pintor o músico de turno sea foráneo).
El museo es impresionante, al igual que los lienzos allí colgados (aunque se llega a comparar a El Greco con Rembrandt (?), y la recreación de la mazurca bailada por un gran número de danzarines es relamente hermosa.
Ya lo dije en su momento al hacer la reseña de Madre e hijo, y lo reitero: Sokurov es un cineasta a tener en cuenta.

miércoles, diciembre 05, 2007

NEW YORK, NEW YORK




Nuevo ciclo titulado Nueva York en el cine. Las películas escogidas en esta ocasión hacen un recorrido por las distintas visiones cinéfilas de la gran ciudad: King Kong (Merian C. Cooper y Ernest B. Shoedsack, 1933), Un día en Nueva York (Stanley Donen y Gene Kelly, 1949), La ley del silencio (Elia Kazan, 1951), West Side Story (Robert Wise y Jerome Robbins, 1961), Desayuno con diamantes (Blake Edwards, 1961), Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976), Manhattan (Woody Allen, 1979), Érase una vez en América (Sergio Leone, 1984), Kids (Larry Clark, 1995) y 11´09´´ 01 - 11 de Septiembre (2002).
Y no es mal comienzo el empezar con la primera versión de la historia del simio gigante, ¡la Octava Maravilla del mundo!, realmente conseguida y que refuerza mi admiración por los grandes artesanos de los efectos especiales (en este caso Willis O´Brien, pero también otros como el siempre infravalorado George de Méliès o Ray Harryhausen).
La ternura que me inspiran este tipo de films es infinita. Me encanta la exagerada gestualidad todavía tan cercana del cine silente, la técnica de stop - motion que no logra ser superada por los efectos digitales de hoy en día (si me dan a escoger, siempre me quedaré con este tipo de efectos especiales. Será porque también me gusta más el arte de los siglos XV - XVII que las videocreaciones)...
Cada vez que acudo a una de estas sesiones rituales de recuperación del mejor cine me sorprendo de lo interesante que sería hacer un estudio sociológico en base a las reacciones de los espectadoras allí presentes (pero la mayoría son mujeres de edad avanzada, quizás por eso no sería un estudio demasiado válido). Me alucina ver cómo son capaces de troncharse cuando el gran Kong se merienda a varios personajes que pasaban por allí, como quien no quiere la cosa. Se trata de ese tipo de respuesta que no consigo entender. Realmente me parece sorprendente. Supongo que si el mono y los humanos fuesen reales no se reirían así (o eso espero).
En fin...

lunes, diciembre 03, 2007

LA TORTURA

Ayer por la noche me frotaba las manos complacida por el estreno televisivo de El perfume (Tom Tykwer, 2006), sólo un año después de que me la perdiera en las carteleras. No he leído el libro y por eso estaba bastante expectante. Hoy creo que ni el libro me voy a leer (es algo que suelo hacer: ver primero las adaptaciones cinematográficas y luego leerme las obras. No preguntéis por qué, pero es un reto para la imaginación).
¡Qué desastre! Mientras los que me acompañaban cogían un libro para no morir en el intento o se iban a dormir directamente, yo aguantaba estoicamente y le robaba horas al sueño hasta que la rabia se apoderó de mí y abandoné a poco del final.
Desde el inicio ya hay algo que molesta. Tal vez el manido topicazo de la sociedad francesa del XVIII, con esas pelucas que conspiran y retozan con amantes de todo tipo, tal vez la mala resolución actoral de todos los intérpretes, empezando por el propio Dustin Hoffman y pasando por el protagonista (Ben Whishaw), una especie de perro buscatrufas que no aporta nada al film.
El trabajo del director tampoco es elogiable, sin embargo destacaría su labor como compositor de la banda sonora, lo único reseñable (creo que fue lo que me hizo aguantar tanto ante el televisor).
Lo más patético, ese momento de "presencia angelical" e instigadora de la orgía (obispo incluído) ante el cadalso. Sin palabras.
Películas como ésta sobran, aunque sean adaptaciones de best-sellers (véase Alatriste), y suponen un insulto para la inteligencia del espectador.
He dicho.

jueves, noviembre 29, 2007

ES MÁS QUE AMOR (POR LA MÚSICA)






¡Qué buen plan para despedirme de mi tierra! (Y eso que regresaré en breve, tal vez incluso antes de lo que yo misma creo).
Música para la marcha, música para volver. Y qué mejor que Fados y el musical Jesucristo Superstar (¡por fin!).
La última película de Carlos Saura no prometía nada que no nos hubiese mostrado antes en sus películas musicales. Los mismos paneles de translúcidos colores, las sombras, la cálida luz dorada que inunda todas y cada una de las imágenes... Sin embargo, en esta ocasión todo es diferente. Tal vez sea por el fado, que tiene algo que atrapa y no te deja marchar jamás. Tal vez sea porque mi sensibilidad está próxima a este sentir que habla de saudade cuando yo siento morriña. No lo sé, pero el caso es que cuando salí del cine (patética sala 5 de los Renoir Plaza de España. No me hagáis hablar...), sentía que me había sabido a poco, que quería más Mariza, más Caetano, más homenajes a Amalia Rodrigues, más Lila.
Qué decir de ese duelo desgarrado en la Casa de Fados, de esos bailes... Nada más, que hay que verla.
Y por fin, después de mucha tribulación, pude conteplar con estos ojitos el musical más esperado por mí desde siempre. Un Jesucristo Superstar actualizado que me tentaba, pero que me hacía dudar por las posibles comparaciones. Gracias a quien ya sabe pude ir, y no me arrepiento.
Miquel Fernández es un buen cantante y actor, así que su interpretación no desmerece el proyecto en el que está embarcado; sin embargo, el elenco que le acompaña deja que desear. Eva María Cortés no emociona lo mismo que Ángela Carrasco y el televisivo Paco Arrojo interpreta a un Judas chillón (esta palabra siempre me pareció horrible) que hace que una se acuerde de Teddy Bautista durante toda la representación.
El montaje no es malo, y alcanza cotas de espectacularidad en la segunda parte, con la aparición de un Herodes histriónico acompañado de la banda que toca en riguroso directo, o con la venida desde la ultratumba de Judas y su troupe recién sacada de Factor X. O con el final, totalmente austero pero conmovedor en esa recreación lograda del Cristo de San Juan de la Cruz que tan bien pintó Dalí. Tal vez le pondría pegas al vestuario, recién comprado en el cercano Rastro y poco representativo de la sociedad actual (tal vez de una parte de la juventud sí, pero eso no llega).
Lo peor de todo es la modificación de la totalidad del libreto porque es imposible concentrarse cuando la letra original te viene a la cabeza una y otra vez con la voz del inconmensurable Camilo. ¿Por qué cambiarla? Ese es el fallo.
Lo mejor, los graves de Abel García (¡qué grande!).
Y yo sigo pensando que el impacto de esta obra (y me refiero a la película de Norman Jewison) tuvo que ser impresionante en pleno 1973, con los vaqueros, las camisetas de Superman, los fusiles, cascos... y ese Judas tan negro por dentro como por fuera. Eso sí que era arriegarse.

martes, noviembre 20, 2007

COMO LÁGRIMAS EN LA LLUVIA...





¿Soñaremos algún día con ovejas eléctricas? El 2019 no nos queda ya tan lejano y parece mentira que hace 25 años (el 82 fue un gran año sin duda) ya se nos estuviese avisando de ciertas cosas que en breve veremos. A veces da miedo ver esos robots tan semejantes a sus creadores, y me da por pensar que el hombre se considera un pequeño dios que crea a su imagen y semejanza.
Blade Runner: The Final Cut merece la pena. Por mostrarnos de nuevo estas futuribles realidades, por hacernos conscientes de ello, por hacerlo de la mejor manera posible, por deleitarnos una vez más con la música de Vangelis... Por hacernos soñar que el amor no conoce fronteras y mostrarnos que puede saltar todas las barreras, aunque sepamos que pocas veces sucede así.

lunes, noviembre 19, 2007

SIEMPRE ES LA MISMA FUNCIÓN...


No lo puedo evitar. Cada vez que veo Mystic River (Clint Eastwood, 2003) algo se muere en mi interior. Un retrato brutal de una sociedad que no lo es menos... Hace daño.
La voz de Enrique Bunbury complementa esta película a la perfección.
No hace falta añadir más.

jueves, noviembre 15, 2007

¿QUÉ ES EL ARTE? MORIRTE DE FRÍO








Parece que en estos fríos días he vuelto a mis orígenes y me estoy empapando de las otras Seis Artes a más no poder. Madrid ofrece una actividad cultural que me apasiona y hace que no pare quieta un instante. Aquí os dejo una muestra y os pongo los dientes largos.
En breve más de Cine (eso siempre).

sábado, noviembre 03, 2007

CON TODOS USTEDES... MR. KEATON!

Qué mejor compañía para una tarde ociosa que el insuperable "Buster" Keaton. El su-realismo que impregna cada una de las películas en las que participó, ya fuera sólo como actor o con el añadido de una buena dirección, hace que siempre merezca la pena revisar esas comedias que de puro absurdas logran que la sonrisa no se despegue de los labios del espectador durante los minutos, siempre escasos, que duran. Para mí nunca hubo otro mejor, por encima del genial Charles Chaplin o Harold Lloyd. Sus acrobacias, aprendidas en una infancia circense, y que casi le cuestan la vida en una ocasión en la que se partió poco menos que el alma, ponen de relieve un arte especial para el humor, acompañado de esa máscara impenetrable que era su rostro, que yo imagino así en su vida cotidiana y que hace que me guste siempre un poco más. En Las siete ocasiones todas las mujeres le rechazan antes de saberle un rico heredero. Yo le hubiese aceptado antes de recoger los millones.
¡Sí, quiero!

sábado, octubre 20, 2007

LA MEJOR PELÍCULA DE LA HISTORIA

Desde la pasada semana, la redacción de un suplemento dominical se ha propuesto realizar un homenaje al cine, con una serie de fotografías y una invitación a participar en una encuesta que dirima cuál ha de ser, a juicio de los participantes, la mejor película de la Historia. Particularmente considero que esta propuesta supone una labor harto difícil para aquellos que amamos el cine. En mi caso me resulta totalmente imposible escoger un único film, porque son demasiados los que considero "la mejor película de la Historia". Son tantos los que me han emocionado y me han dejado boquiabierta con sus logros... Decididamente NO; no soy capaz de votar, pero aquí os dejo la dirección por si alguno se atreve:
Por cierto, el reportaje fotográfico que se adjunta, protagonizado por las estupendas fotografías de Annie Leibovitz, es una especie de fotonovela, ya que, a partir de las imágenes, Nathaniel Rich, Jim Windolf y Bruce Handy, elaboran un guión que no logra estar a la altura de su inspiración. A destacar la fotografía de la portada del dominical, puro homenaje al arte de Tamara de Lempicka. Realmente conseguida (y hermosa).

martes, octubre 16, 2007

TOCADO Y HUNDIDO

"En aquel entonces era difícil saberlo. Uno va al cine o al teatro y vive su noche sin pensar en los que ya han cumplido la misma ceremonia, eligiendo el lugar y la hora, vistiéndose y telefoneando y fila once o cinco, la sombra y la música, la tierra de nadie y de todos allí donde todos son nadie, el hombre o la mujer en su butaca, acaso una palabra para excusarse por llegar tarde, un comentario a media voz que alguien recoge o ignora, casi siempre el silencio, las miradas vertiéndose en la escena o la pantalla, huyendo de lo contiguo, de lo de este lado. Realmente era difícil saber, por encima de la publicidad, de las colas interminables, de los carteles y las críticas, que éramos tantos los que queríamos a Glenda". (Queremos tanto a Glenda, Julio Cortázar).
A partir de esta semana que apenas empieza se nos escapa una oportunidad de repetir este ritual tan bien descrito por Cortázar. El último pequeño cine de esta ciudad cierra sus puertas privándonos de todo a los que solíamos acudir a sus sesiones de películas que se escurrían entre los conductos más comerciales de las multisalas. El cine Dúplex desaparece, al igual que hicieron ambos Novocine, siguiendo el ejemplo de salas míticas (y espaciosas) como fueron las del Avenida, el Mary, el Xesteira...
La últimas películas que he visto aquí las he disfrutado (o no) en el Dúplex, y ya la mirada del encargado hacía presagiar este the end. Por sus ojos, y porque era la única espectadora de las dos salas, entendía que o bien me agradecía que siguiese siendo fiel a esas paredes que encerraron tantos sueños, o bien me odiaba porque le hacía poner la película por los míseros 4,50 que costaba la entrada (que no son moco de pavo, no señor, pero en comparación con lo que se estila por ahí...).
Quede constancia de lo que está pasando por aquí, de que cada día me siento más sola en mi lucha por tratar de ver cine de calidad. Me quedan las pocas sesiones que nos "regalan" los ciclos salvíficos de ciertas cajas de ahorros que permiten presenciar, entre permanentes y cardados, joyas que aún se consideran merecedoras de ser proyectadas. Buenos vamos.

martes, octubre 02, 2007

RAÚL ARÉVALO





Desde hace algún tiempo considero que este chico se merece un post para él solito. He hecho comentarios de la mayoría de sus pelis y siempre acabo por mencionarle a él por encima del resto del reparto. Por algo será.
Siempre cuentan con él para el hacer del raro de la película. Sus personajes destacan por lo que tienen de estrafalarios, pero también de buena gente: Israel, Babirusa, el Utrera... Una y otra vez lo mismo. El único que se atreve a sacarle de este penosos encasillamiento es José Luís Cuerda con la cinta que rueda en estos mismos instantes en mi tierra de adopción. Es en Los girasoles ciegos donde podremos ver a un Arévalo metido en la piel de un sacerdote, con tonsura y todo. La verdad es que se hace raro verle por la calle corriendo con la sotana remangada. Esperemos que después de este primer protagonista vengan muchos más.
Y digo que Cuerda es el valiente que se atreve a darle otro tipo de papel porque el otro día me llevé una gran decepción con Tocar el cielo, de Marcos Carnevale. A ver, la película en sí no me pareció nada buena. Juega con muchos momentos dramáticos de lágrima fácil y poco más. El papel de Raúl Arévalo prometía en un principio, por eso de poder verle en otro registro, totalmente opuesto a todo lo anterior. Sin embargo la ilusión se queda en eso, puro espejismo, cuando una se da cuenta de que el personaje es más de lo mismo y que si hay algo distinto (no quiero contaros por si aún la queréis ver) es para que Chete Lera pueda desgañitarse un poco más. ¡Qué pena! Fidel acaba por ser el mismo de siempre, y claro, buena gente (yo también haría rabiar a Chete).
Lo dicho. Considero que aún tenemos mucho Raúl por disfrutar, siempre y cuando se cuide. Estoy deseando ver Siete mesas (de billar francés), para ver si Gracia Querejeta le ha querido un poco más que el resto. Eso espero.

jueves, septiembre 27, 2007

CINÉMA FRANCAISE










Una vez más, y gracias a la obra social de cierta entidad bancaria que, de vez en cuando, se acuerda de los cinéfilos, puedo discfrutar de buen cine. Y una vez más rodeada de una multitud de edad avanzada que disfruta relatándonos a todos los espectadores los sentimientos que experimenta al ver las distintas películas.

Este curso se inicia con una serie de obras maestras del cine francés de todos lo tiempos, cosa que se agradece (ultimamente este cine tiene un gran calado en la sociedad y se trata de recuperar el precedente y estrenar lo actual). El inicio ha sido inmejorable, con Las diabólicas (Georges Clouzot, 1955), película que los masters del universo recordarán (qué miedo pasamos!), y L´Atalante (Jean Vigo, 1934).

Las próximas que espero ansiosa serán: El río (Jean Renoir, 1950), Pickpocket (Robert Bresson, 1959), Banda à part (Jean - Luc Godard, 1964), Adiós muchachos (Louis Malle, 1987), Caché (Michael Haneke, 2005), Los cuatrocientos golpes (François Truffaut, 1959), Mi tío (Jacques Tati, 1958), Rififi (Jules Dassin, 1955).

Yo hubiese quitado de la lista la película de Haneke, que parece que desentona un poco con el resto de la selección, pero bueno. Las únicas pegas que le encuentro a este ciclo es que no pasen los films por fechas y que nos las proyecten dobladas al castellano.

Algunas ya están más que vistas, pero nunca está de más una revisión de vez en cuando.

Ya os iré relatando mis impresiones bloggeras.