




La historia de Myriam, una pseudo vampira que sobrevive por la eternidad de los tiempos alimentándose de sangre humana. Esa es la sinpsis del film, aunque yo añadiría que esta chupasangres elegante y moderna interpretada de forma soberbia por la fría Catherine Deneuve consigue su inmortalidad absorviendo el amor de sus múltiples amantes, los cuales no le duran demasiado para su desgracia (es que ya se le acumulan en el trastero a la pobre).
La película es una versión ochentera (y un tanto trasnochada) del mito de los vampiros, con una puesta en escena muy de anuncio de perfumes como Vandervilt (o lo que es peor: Farala. Agg!), con tanta cortina al vuelo y ese tonito dorado de la película. Los personajes (exceptuando a los interpretados por la mencionada Deneuve y el estupendo John de David Bowie - que pena que se nos desaparezca tan pronto) son prototipos de la sociedad modernilla neoyorquina, desde los yonquis de discoteca a lo George Michael hasta la niña entrometida y liberal que parece un niño, pasando por el freakie de los patines y, por supuesto, los dos tipos que se meten con una de las protagonistas porque está llamando por teléfono, ocupando así la cabina que parece ser de su propiedad (que papelón, Dafoe!).
A destacar el vestuario del matrimonio protagonista, y la banda sonora con piezas de Delibes y Schubert. Terribles las momias egipcias (nunca mejor dicho!), y el catálogo de obras de arte con el que nos deleita Myriam (que tía más sobrada!).
Se deja ver (a ratos).




Interesante proyecto (muy personal) de Antonio Banderas.








"Su voz parecía venir a través de varias capas de lana..."
Truman Capote escribió estas palabras en uno de sus cuentos cortos. ¿Alguna vez habéis percibido con uno de vuestros sentidos algo que necesariamente debería percibirse con otro?
Dicen que los sinestésicos pueden gustar sabores al contemplar una obra de arte, o al oír determinada melodía (entre otras cosas).
Yo quiero sentirme así. Poder interrelacionar todas mis sensaciones. Pensar en alguien y aplicarle un sonido, olor, sabor...
La globalización física puede ser posible en cada uno. Sólo tenemos que pararnos a sentir.






Ayer pude ver, por fin, Salvador Puig Antich, de Manuel Huerga (2006). Lo cierto es que me ha gustado la segunda película de este cineasta, hasta ahora desconocido para mí.
Es una de las tres pelis seleccionadas para entrar en la quiniela de los Oscars, y una vez vistas las tres, creo que ésta es la que merece entrar en competición, aunque soy realista, y me espero la candidatura de Alatriste (ese capitán con la bolsa llena de eiros tiene que ser rentabilizado, o no?).
Pues a lo que iba, Salvador Puig Antich nos narra la historia de el anarquista del mismo nombre que fue sentenciado a pena de muerte con garrote vil. La historia está muy bien contada, sin embargo en algunos momentos cae en el puro sentimentalismo y pierde algo de fuerza (el final con las tres hermanas, y la pequeña en el colegio se hace demasiado largo y excesivamente lacrimógeno).
Me gustan los actores (que grande Antonio Dechent), muchos sacados de esa nueva hornada que está imprimiendo un aire de frescura y renovación del plantel actoral español (que pena de Leonardo Sbaraglia, que para mi gusto no sirve para hacer un papel de duro que se vuelve blandito de repente - un fallo. Y es que rebosa ternura por todos los poros de su piel, no hay más que ver el abrazo en el que se fundió con Max von Sydow al entregarle el premio Donosti).
También me gusta la estética del film, con una luz electrizante y un aire setentero muy conseguido. Atención a la banda sonora: la primera canción pertenece a mis muy admirados Iron Butterfly (In - a - gadda - da- vida). 
Puede que algunos la hayáis reconocido. Sí, es mi canción favorita del Fuzztone.
Pues eso, que os animo a ver la peli si no la hebéis visto. Aunque estad preparados, porque en algunos momentos resulta dura, y como ya digo, muuuyyy lacrimógena. Llevad pañuelos de papel!


