
Acudí presta, rauda y veloz a la proyección de la última película de Park Chan - wook (o al revés, que con el coreano nunca se sabe), Soy un cyborg (2006). Nada más ver el cartel y leer la sinopsis estaba deseosa por verla, quería introducirme en ese sanatorio mental tan colorido, diseñado como si de una guardería se tratase, cuanto antes.
Sin embargo, al poco de empezar a correr la bobina de celuloide me di cuenta de que eran muchas las expectativas para terminar por comprobar que había demasiado de la pequeña francesa que quería hacer feliz a la gente. Y es que el peso del film de Jean - Pierre Jeunet (Amélie, 2001) es tan enorme que acaba por sepultar la originalidad del argumento. Incluso el uso de la banda sonora es tremendamente mimético.
Pero qué se le va a hacer, me dije y me acomodé como pude en la fría butaca que había escogido y me decidí a no dejar que las comparaciones odiosas (¡oh, dioses!) me estropeasen la tarde. Y sí, pude disfrutar, pero sólo en cierto modo, porque se me hizo larga, mucho.
Aún así hay momentos interesantes: el inicio de la historia, realmente complicado de seguir con tres historias a la vez y muy desordenadas; la matanza al ritmo de la música clásica (sí, me recuerda a Kubrick - I´m singing in the rain! -, pero era de esperar); los momentos en los que ella es realmente un cyborg; la violencia que le quita un poco de merengue a la historia de amor que es bonita, para que lo voy a negar; los colorines que inundan la película,...
No sé, es el típico film que le da al espectador una de cal y otra de arena. Ahora sólo me queda recuperar la Trilogía de la venganza, para comprobar si es un director que merece la pena, o no.
Tal vez Kim Ki - duk me deje menos indiferente. Ya lo comprobaréis con vuestros propios ojos.










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