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Qué mejor compañía para una tarde ociosa que el insuperable "Buster" Keaton. El su-realismo que impregna cada una de las películas en las que participó, ya fuera sólo como actor o con el añadido de una buena dirección, hace que siempre merezca la pena revisar esas comedias que de puro absurdas logran que la sonrisa no se despegue de los labios del espectador durante los minutos, siempre escasos, que duran. Para mí nunca hubo otro mejor, por encima del genial Charles Chaplin o Harold Lloyd. Sus acrobacias, aprendidas en una infancia circense, y que casi le cuestan la vida en una ocasión en la que se partió poco menos que el alma, ponen de relieve un arte especial para el humor, acompañado de esa máscara impenetrable que era su rostro, que yo imagino así en su vida cotidiana y que hace que me guste siempre un poco más. En Las siete ocasiones todas las mujeres le rechazan antes de saberle un rico heredero. Yo le hubiese aceptado antes de recoger los millones. 
"You are my destiny
You share my reverie
You are my happiness
That's what you are"
Una foto de Julio Medem en una pose pensativa. Pues más le vale pensarse más las cosas antes de hacer ...PPpppiiIIIIIII.... (me autocensuro, ya veis. Por si los niños y tal) eso, películas como Caótica Ana. Como podéis apreciar, no me ha gustado en absoluto, y me abstengo de hacer la crítica porque de solo pensar en la peli me pongo mala del estómago otra vez. Sólo os invito a que compartáis conmigo vuestra opinión, que siempre es bienvenida.Por cierto, prefiero a la Deneuve cubierta de estiércol en Belle de jour que a Manuela Vellés haciendo lo propio con el cerdo yankee. Vosotros mismos. (Atención al momento asparagus).
No sé que pasa ultimamante que todo el cine que veo es francés y está en francés (estoy aprendiendo un montón).
Esta temporada va de cine e historias francesas. En este caso se trata de hacer un homenaje a la capital parisina, por medio de pequeñas historias que se van sucediendo según los barrios de los que se compone París.
Bufff! Este no es mi mejor momento para publicar nuevos posts. Presento mi Trabajo de Investigación que tanto trabajo me está dando (nunca mejor dicho y valga la redundancia) el próximo día 27 y estoy que no puedo más. Apenas voy al cine, y en casa no apetece ponerse con más pelis de las necesarias para hacer el trabajo.
¿Qué sería de nosotros en un mundo sin libros? Se concibe una sociedad en la que los bomberos dejan de ser nuestros héroes para iniciar una persecución de pesadilla contra los pocos valientes que pretenden defender sus ideales? Esto es lo que nos narra Farenheit 451, excelente película del gran François Truffaut relizada en 1966, con un guión basado en la novela de Ray Bradbury. La historia en sí es muy interesante, y puede resultar preocupante si pensamos que cada vez se lee menos en este mundo. Con unos actores más que solventes (estupendos Oskar Werner y Julie Christie), la película cuenta una estética futurista al más puro estilo de Alphaville (Jean - Luc Godard, 1965), con esos personajes que asisten impasibles (a veces se podría decir que totalmente atontados y poseídos por las directrices de un gobierno tirano) a la destrucción de la cultura y a la pérdida de la libertad de acción y decisión.
La siguiente película en la lista es la ópera prima de los hermanos Ulloa, David y Tristán, titulada Pudor, con un guión firmado por el propio Tristán, que adapta la novela de Santiago Roncagliolo. Narra la historia de una familia que a su vez está repleta de historias personales cargadas de un profundo dramatismo: los padres cuya incomunicación es más grave de lo que pueda parecer en un principio sufren por motivos muy distintos (él se muere y ella no se siente querida); la hija mayor, que sufre por una homosexualidad reprimida y los trastornos propios de la adolescencia; el abuelo, que desea recuperar el amor de juventud; y el hijo pequeño, el más feliz de todos ellos, con sus fantasmas y su cariño correspondido por su amiga. Con un trabajo actoral más que logrado (Nancho Novo está bien, pero Elvira Mínguez y, sobre todo Natalia Rodríguez, hacen un trabajo excelente. Atención con esta chica cuyo parecido con la actriz Natalia Sánchez, de Los Serrano, me tuvo loca toda la película: es ella o no es ella?), sin embargo resulta fallida en su intento de proponer una historia original e, incluso, una puesta en escena novedosa (o por lo menos eso es lo que se dice de la película en revistas como Fotogramas). No sé qué sucede con el cine español de los últimos tiempos que todas sus obras parecen iguales. No hay más que ver Mi vida en 65 minutos, El camino de los ingleses o Azuloscurocasinegro para darse cuenta de que ahora lo que se llevan son las historias deprimentes y esa estética de colores saturados en azul y verde. En otra ocasión, hermanos.
La verdad es que tenía muchas ganas de verla, porque me parece que la historia de nuestra mística más universal es muy interesante: la vida de una mujer que logró sobresalir en un mundo de hombres, y con una fortaleza envidiable. Sin embargo la película no merece la pena en absoluto.






El últimamente demasiado excéntrico de Mel Gibson vuelve a intentar revelarse ante la Humanidad como un pope de la Historia mundial, narrándonos esta vez la decadencia de la civilización maya.










La historia de Myriam, una pseudo vampira que sobrevive por la eternidad de los tiempos alimentándose de sangre humana. Esa es la sinpsis del film, aunque yo añadiría que esta chupasangres elegante y moderna interpretada de forma soberbia por la fría Catherine Deneuve consigue su inmortalidad absorviendo el amor de sus múltiples amantes, los cuales no le duran demasiado para su desgracia (es que ya se le acumulan en el trastero a la pobre).
La película es una versión ochentera (y un tanto trasnochada) del mito de los vampiros, con una puesta en escena muy de anuncio de perfumes como Vandervilt (o lo que es peor: Farala. Agg!), con tanta cortina al vuelo y ese tonito dorado de la película. Los personajes (exceptuando a los interpretados por la mencionada Deneuve y el estupendo John de David Bowie - que pena que se nos desaparezca tan pronto) son prototipos de la sociedad modernilla neoyorquina, desde los yonquis de discoteca a lo George Michael hasta la niña entrometida y liberal que parece un niño, pasando por el freakie de los patines y, por supuesto, los dos tipos que se meten con una de las protagonistas porque está llamando por teléfono, ocupando así la cabina que parece ser de su propiedad (que papelón, Dafoe!).
A destacar el vestuario del matrimonio protagonista, y la banda sonora con piezas de Delibes y Schubert. Terribles las momias egipcias (nunca mejor dicho!), y el catálogo de obras de arte con el que nos deleita Myriam (que tía más sobrada!).
Se deja ver (a ratos).


