martes, julio 07, 2009

I´M BACK!

Y con una crítica más en mi haber. Suma y sigue.

Coco, de la rebeldía a la leyenda de Chanel

miércoles, julio 01, 2009

DE TRES EN TRES

Entre que últimamente no tengo mucha ganas de escribir y que se me agolpan los estrenos visionados me temo que las próximas entradas tendrán la misma apariencia que ésta que ustedes leen en estos momentos tan amablemente. Ya digo que, ahora mismo, la labor de crítica aficionada no está en mi apetencias actuales (será el estío, será el sopor... c´est la vie), sin embargo no quería dejar pasar estos tres films sin mencionar algunas cosillas porque creo que merecen la pena. Y si más preámbulos vayamos al primero de ellos: Parque Vía (Enrique Rivero, 2008).





Se trata de un falso documental en el que Nolberto Coria interpreta su propia vida ante unas cámaras que le siguen por una casa de dimensiones ingentes y en la que vive solo como guardés de la misma.
Rivero ficciona los hechos, pero poco más hace a la hora de mostrarnos con crudeza, pero también curiosidad, los detalles de una historia que resulta desoladora: cuando la soledad es escogida porque no queda más remedio. Día tras día se suceden las mismas escenas, rodadas inteligentemente con el fin de no aburrir al espectador, la misma rutina. Pero, al contrario de lo que cantaba Bunbury antes de volar en solitario, no siempre es la misma función, al igual que no siempre el espectador es el mismo.
Una lucha de clases que no es tal, un amor por el trabajo bien hecho y por la fidelidad de decenas de años, un claroscuro que inunda las vidas de todos y cada uno de los escasos personajes que pueblan las imágenes de la película.
Y nosotros mirando impasibles, atentos a los posibles cambios (¿los hay?), tal vez con la mente sobrevolando las butacas de la sala, pero conscientes al fin y al cabo de que como Beto cada vez habrá más. Al tiempo.


Buscando evasión y atendiendo a los gustos partciulares de una misma, me acerqué a ver la última obra de Henry Selick, la maravillosa Los mundos de Coraline (2009) . Qué decir ante una película hecha a la antigua usanza, con una técnica, la de stop motion, que emociona siempre.

La película está basada en el libro infantil de Neil Gaiman, titulado Coraline y publicado en 2002. La historia es muy apropiada para el trabajo de Selick y - tengo que decirlo, tengo que decirlo - muy burtoniana: una niña que se muestra más adulta y sensata que los propios adultos, un mundo dual que se debate entre el bien / lo correcto y lo aburrido, y el mal / lo incorrecto y la diversión (al principio, claro está).

La animación es estupenda (desde los primeros balbuceos de la stop motion lo es) y los personajes muestran todo un catálogo de tipos, como es costumbre en este tipo de historias con moraleja. La inmersión en el mundo de la atrevida Coraline es total y, en esta ocasión, es precisamente su mundo, el que se debate por salir de la monotonía y la oscuridad, el adecuado (¡nunca unos botones provocaron tanto pavor!).

Siempre recomiendo este tipo de películas porque, además de ser un gustazo para la vista, hacen reflexionar - si uno quiere hacerlo, course - sobre las dualidades que tiene todo en este mundo. ¡Véanla, señores!

Y por último, la película británica Radio encubierta (Richard Curtis, 2009) - atención al título español, ¡qué chispa, madre! ¿Y qué me dicen del original (The Boat that Rocks)? Me mondo. - Curtis lleva a la gran pantalla la historia de un barco - emisora pirata, algo habitual allá por los años 60 en Gran Bretaña, donde la escucha de himnos musicales coreados por el mundo entero estaba mal vista por un determinado sector de la sociedad. Ante esta incomprensible medida se optó por este tipo de experiencias que fueron todo un éxito.

La película cuenta con una banda sonora de lujo ante la cual el espectador no puede dejar de tararear y mover los pies y lo que se pueda en la pequeña butaca de una pequeña sala de un pequeño cine. Porque en realidad el trabajo aquí mostrado se reduce a eso, ponerle imágenes más o menos interesantes a dicha música que, sin duda, es lo más importante del film. Un videoclip en resumidas cuentas.

La película te hace pasar un buen rato porque todo lo que se muestra en ella es divertido, incluso los malos momentos son tomados a guasa por el personal, interpretado magníficamente, eso sí, por un elenco de actores que dan cuerpo a los distintos pinchadicos (¿por qué ya no usamos esta palabra? Desde aquí reivindico que, por lo menos, cuando se hable de una historia de los años 60 se diga pinchadiscos cuando aquí eran las personas que ponían la música en los guateques a los que asistía la generación de mis padres), unos golfos de lo más simpático que te hacen sonreir constantemente.

Y poco más que decir, la verdad. Que está muy en la línea de lo realizado previamente por Curtis y que merece la pena ya sólo por la música (yo ya me he hecho con la BSO y la disfruto enormemente).

Y hablando de música les dejo hasta más leer. Sigan atentos a sus pantallas. Saludos señores.

martes, junio 23, 2009

¡A CUCHILLO!

Unos amigos están empezando a rodar por el mundillo del cortometraje. No os perdáis su ya premiada opera prima, A cuchillo. Intriga, sorpresas... y mucha ilusión.

¡Ánimo chicos!

miércoles, mayo 20, 2009

¡¡CE NI CI TAS!!

El pasado lunes me atreví a entrar en la sala 1 (siempre es la sala 1) con un poco de incertidumbre y mucho prejuicio. Lo sé, lo sé, no me regañen, pero es que es inevitable el ponerme mala de los nervios cuando de Dalí y Buñuel se trata.




¿Y bien? Pues mal o, mejor dicho, regular. Empezamos mal con el título (Sisterboy, esto va por tí). Si la película se ha rodado en inglés y se ha titulado Little Ashes, en español ha de ser Cenicitas, porque es la traducción correcta, porque es el título de una obra de Dalí y porque es el resumen perfecto para la película aunque más que cenizas nos vendan humo.

Dicen las malas lenguas que Philippa Goslett se ha documentado durante diez años - nada menos - para escribir un guión realista, adecuado. Y yo no puedo hacer más que reír y reír. Y me carcajeo porque al final del film se nos informa de que se ha basado en las memorias de Salvador Dalí. Y si tanto ha leído y se ha documentado sobre la vida de tres de los más grandes, estarán conmigo en esto, debería saber que no hay que darle mucho crédito a lo que diga el genio, no cuando se parapetaba bajo la máscara paranoico - crítica que había fraguado para evitar las heridas más letales, las de los sentimientos.



Dicho esto, comentar que a partir de aquí me niego a creerme casi nada de lo que en la película se afirma y menos de boca de los actores menos parecidos a dichos personajes que han podido encontrar (Javier Beltrán se salva y Arly Jover, cuya aparición es la sensación de la obra, también). ¿En qué demonios estaban pensando al escoger a Robert Pattinson para encarnar al pintor? ¿Qué le pasa a ese chico en la cara? ¿Habrá engullido un tarro de polvos de talco? ¿Será un vampiro real? No me lo creo nada, al igual que a Buñuel (Luis, ¿qué te han hecho?) y no hablo de parecidos exclusivamente.

Se pretende arrojar luz histórica basándose en leyendas, con imágenes falseadas y con poca documentación (véanse los atuendos de los madrileños que pululan por las calles cual espantajos de Carnaval. ¡Qué sombreros!) y menos vergüenza aún.

Qué decir de los poemas recitados por Federico García Lorca, anulados por una voz en off que los traduce al inglés. ¡Qué injusticia, madre!




Pero no todo va a ser inquina por mi parte. Reconozco una labor técnica importante, con imágenes muy hermosas aunque sin venir a cuento (véase el momento de la playa en Cadaqués, que rezuma luminosidad y composición "sorolliana", si es que así se puede decir).

También les reconozco la valentía de haber intentado dar voz y presencia a aquellos que nos han abandonado y que hoy, sociedad putrefacta, serían bienvenidos más que nunca.

lunes, mayo 18, 2009

TONTEANDO CON LA PERIFERIA

Fin de semana largo y multicultural. Decidí olvidarme de praderas, chulapos y ferias para dedicarme a lo mío, a lo mal llamado periférico.

Por un lado, el buen hacer de Lila Downs en las fiestas de San Isidro. ¡Qué voz la de esta señora y que fuerza a la hora de mostrarnos una creación dominada por el mestizaje y el folclore mexicano! Me gusta cómo nos canta sus percepciones acerca de la Tierra, cómo baja a tonalidades casi imposibles para una voz femenina y cómo grita con agudos chillones enraizados en la tradición de los indios, sean del norte, sean del sur. Me gusta cómo danza (yo lo hubiera hecho descalza, pero no estuvo mal). Me gusta cómo viste y como nos lanza sus collares. Me gusta la alegría de su rostro, infatigable tras varios bises. Me gusta Lila Downs y no sólo cuando canta fados. Ahora quiero ver a Lhasa.









Por otro lado la última película de Kim Ki – duk, Dream, todavía no estrenada comercialmente. Se trata de una vuelta de tuerca más a la hora de desentrañar los misterios del amor, un sentimiento que en el caso de Ki – duk parece ser imposible. Sin abandonar por completo filias y fobias, el surcoreano se deja por el camino ciertos elementos esenciales de la que ha sido su obra hasta hoy.
Las historias que nos ha estado contando este hombre están siempre entre los límites de la realidad y una ficción metafórica que aquí se ha llevado hasta extremos casi ridículos (el tema es raro, raro). Y todo por un sueño. Lo onírico lo impregna todo, desde las relaciones previas y destructivas que tenían los protagonistas hasta la unión de sus destinos de forma extraña.
Sin embargo, sigue teniendo ese punto de atracción inevitable, con planos bien construidos, imágenes hermosas (el plano de los amantes que no los son, ella tras el telón rojo y él tras el telón azul, es maravilloso y muy ilustrativo a la hora de definir lo que es y será su relación), la importancia que se le da a la palabra – la no hablada, as usual. Note el lector cómo la palabra es un elemento de capital importancia en el cine oriental -, el uso de los espejos como metáfora de la incomunicación, y novedades como la inclusión de las mariposas - ¡oh, bolboreta!
Me gusta la violencia gratuita con la que nos deleita siempre (asistí a ciertos momentos totalmente horrorizada, pero sin poder quitar los ojos de la pantalla), me gustan los actores (Jo Odagiri es todo un descubrimiento, sin embargo Park Ji a no me gusta nada en su papel de loca – en Aliento me encantó, una pena que aquí no esté tan bien), me gusta el estilo de un autor que me enganchó desde el principio.
Lo dicho, pese a determinadas pegas que le pongo yo, que le quiero tanto que no le paso ni una, la película merece el visionado. Y la espera de una próxima que desde aquí aguardo con impaciencia y que deseo sea más meditada (quince films en doce años queman a cualquiera. Tómese unas vacaciones, señor Ki - duk).





Y, finalmente, termino el fin de semana sintiéndome yo misma periférica, rodando alrededor del núcleo versado en patinaje. No me he caído pese a la inexperiencia y me pongo la meta de introducir la periferia dentro de un núcleo que ya nunca más lo será.





lunes, abril 20, 2009

GRAN TORINO



(Contiene spoilers).

- Take care now.

- You too.

- ¡Oh, yeah!

Lo he leído en todas partes, por activa y por pasiva, creo que hasta he soñado con ello. Harry el sucio ha vuelto, con unos años más encima, pero con la misma mala leche.

Clint – Wally (me gusta cómo Sue le rebaja los humos simplemente con un cariñoso diminutivo) masca tabaco, refunfuña durante toda la película y habla como si del doblador de la versión española de El caballero oscuro se tratase.

La historia de un hombre gruñón pero íntegro, que ha vivido mucho, como para que nadie le diga lo que tiene que hacer. Un papel con una fuerza importante como colofón a una carrera interesante como actor (le prefiero como director, esa es la verdad), con trabajos marcados por una rudeza que, en este caso, se resquebraja por todas partes. Cuando Walt advierte disparando con el dedo (¡grande Clint!), cuando emite gruñidos amenazadores propios de un gran cascarrabias, cuando se enfada porque se siente desplazado en un barrio que ya es ajeno después de toda una vida viviendo dentro de sus límites. Todo ello nos muestra el carácter de un hombre huraño porque lo ha visto todo, todo aquello que se puede ver a lo largo de una vida combatiendo en Corea, construyendo coches mecánicamente en la Ford, arreglando grifos y tejados por el vecindario. Y porque no ha sabido, no ha querido o no ha podido entenderse nunca con sus hijos. La muerte de la mujer más maravillosa del mundo destapa todos los males que habían sido ocultados con el velo de la tranquilidad que otorga la rutina.

Racismo, acoso, violencia, el recuerdo de una guerra terrible (¿cuál no?), pero también amistad, comprensión y tolerancia a pesar de unas diferencias, muchas.

Una película en la línea de las por él dirigidas, mostrando realidades a partir de pequeñas historias muy humanas y muy cercanas, a pesar de pertenecer a un país, el norteamericano, que cada vez se antoja más lejano, y no me refiero a la geografía.

En líneas generales, la película me gusta pero hay algo que me molesta, que acaba chirriando, y es esa heroicidad que resuena a martirio y que se concreta en la imagen final. Esa crucifixión invertida nos pone en la pista de un neo mártir inspirado en San Pedro, porque asimilarlo a Cristo ya sería demasiado. No me convence porque en el caso de Walt tal vez se deba a que ya no tiene nada que perder y eso, señores, no es un sacrificio, es hastío provocado por una vida que se ha vuelto insustancial.

Pretencioso final para el protagonista de una película que, como digo, es recomendable e inspiradora. No dejen de verla, amigos, es el testamento actoral de Tío Clint.

martes, abril 07, 2009

SER Y, A PESAR DE TODO, SER






¡Vamos a ver Hamlet!

No nos lo podemos perder si es Tomâz Pandur quien rubrica este nuevo montaje.
Ciertamente, tras haber asistido a la representación de Barroco, las expectativas son inalcanzables casi de tan altas.
Las lenguas se sueltan y cuentan cosas que no quiero escuchar. Quiero llegar a las Naves del Español, sentarme en mi butaca, lejos de mis acompañantes porque no hay más remedio, abrir bien los ojos, tener los oídos prestos. Sé que la sensorialidad va a ser un punto importante. Es lo que tiene ser una veterana en cuestiones de Pandur.
Una escenografía impactante en la que predomina el agua. Agua en la superficie, agua en el interior, agua que inunda, agua que desborda, agua que cae y que se remueve y ensucia. Agua.
Y manzanas, símbolo del deseo y del pecado. Todos muerden, luego todos lo son.
Blanca Portillo como un Hamlet asexuado, universal. Todos somos Hamlet (como me disgusta esta frase usada equívocamente con la mejor de las intenciones. Igual que un aplauso incomprensible al paso del ataúd).
Blanca Portillo desnuda, en cuerpo y alma. No hay nada más acertado para discernir cuál es el sentido último de la vida, una vida que, en ocasiones, escapa a nuestro entendimiento.
El catálogo de vicios es interminable, todo lo peor del ser humano en cuatro horas de espectáculo. ¿Quizás lo mejor? Para eso somos humanos y eso hace que lo seamos.
Amor, odio, pasión, hedonismo, traición, venganza… a cada cual sus males, que ellos se las compongan como puedan.
Pese a todo, una sale del Matadero (la frase queda que ni a propósito, aunque así sea) con la mirada alegre, con la vista alegrada (todo sea dicho) y con ganas de más. De más Hamlet, de más cabaret ambulante, de más Pandur. No sé si aguantaré hasta que estrene el epílogo de la trilogía, Medea.

¡Vayamos a por todas! ¡Acompáñame!